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"Uno se pregunta qué han hecho por los indígenas las repúblicas latinoamericanas"

Nicolás Maduro ha creado una comisión “al más alto nivel” para hallar “la verdad” de la época colonial y “exigir justicia y reparación a España, Portugal y toda Europa”. A las exigencias de perdón, reparación y analfabetismo histórico ya se sumó el presidente mexicano López Obrador, pertinaz iluminado, y no faltan los dardos con cerbatana que de vez en cuando lanzan con más ruido que eficacia Daniel Ortega y otros demócratas de guayabera. Uno se pregunta qué han hecho por los indígenas las repúblicas latinoamericanas. Seiscientos años después de la promulgación de las Leyes de Indias, los indígenas mexicanos forman el lumpen social de la mendicidad. En las selvas de Brasil los indígenas son hostigados y asesinados; menospreciados en Chile. Esta marginación comenzó con la independencia de las repúblicas americanas. Citaré algunos ejemplos de los que nunca oirán hablar en Hispanoamérica. México persiguió sin cuartel a los comanches y apaches, cuyos líderes eran mexicanos y tenían nombres españoles por haber sido bautizados. Gerónimo prefirió rendirse al ejército norteamericano antes que a sus odiados compatriotas. En México se pagaba un peso de oro por cada cabellera comanche. El escritor y antropólogo mexicano Álvaro Enrigue lo cuenta sin ambages y con honesta vergüenza en su ensayo “Ahora me rindo y eso es todo” (Anagrama). La tribu de los yaquis no tuvo mejor suerte. Ajenos a la Historia, ocupaban las inhóspitas pero ricas montañas y desiertos de Sonora. Porfirio Díaz decidió someterlos. Desató el conflicto más largo de la historia mexicana. Tras la batalla de Mazocoba (1900), los supervivientes fueron enviados en una larga marcha de la muerte desde Sonora hasta Yucatán, donde fueron mano de obra esclava en el cultivo de agave. Los mapuches de la pampa y la Patagonia fueron exterminados por los argentinos en la guerra del Desierto (1885). Hoy tristean, mendigan, a veces protestan, como los mapuches chilenos. Piden reparación a sus gobiernos. Pero siguen siendo invisibles.
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