"El independentismo vive en la fantasía de que el presidente legítimo de Cataluña es Carles Puigdemont salvo Laura Borrás, que cree que es ella"

Publicado el 28/12/2021 a las 06:00
Todo el mundo en el independentismo vive en la fantasía de que el presidente legítimo de Cataluña es Carles Puigdemont salvo Laura Borrás, que cree que es ella. La miro en un tuit sonriendo a la cámara mientras cuelga en su presidencial árbol de Navidad un adorno de la Casa Blanca de los Estados Unidos de América, y en el texto agradece al propio presidente Biden el detalle que ha tenido con los catalanes. Algunas personas han apuntado a que el adorno se puede comprar en el museo tienda de la asociación de amigos de la Casa Blanca y que la Casa Blanca no ha enviado nada, pero qué importa. Las fantasías de uno, yo qué sé. Entiendo a Laura Borràs porque todos al cabo del día hacemos el idiota cuando nadie nos ve. Sonrío al imaginármela haciendo bromas de sí misma adornando el árbol esa mañana y reproduciendo en voz alta diálogos imaginarios en los que alguien le preguntara “¿Qué tal ha ido el día, señora presidenta?” Y ella misma respondiera que bien, que había llegado al despacho “otra carta de Biden”. Hacer bromas sobre uno mismo resulta encantador; después uno se las cree y aparece ante el mundo como la loca de los gatos. El problema es que Borràs se hace la foto colgando la bola de los Estados Unidos en el árbol del Parlament como si aquello fuera poco menos que una cumbre bilateral con EE UU cuando todo el mundo sabe que a la República Catalana no la reconoció ni Quebec. Pero el secesionismo catalán va de poner voces y funciona gracias a un magnífico ejercicio de fantasía que funciona dentro de las cabezas de algunas personas, un imaginario en el que la legislación internacional permitiría la autodeterminación, la gran mayoría de los catalanes sería independentista y el país funcionaría por sí solo o como un estado independiente y asociado dentro de la UE, que por supuesto lo aceptaría entre sus miembros. El Estado Español cedería ante la presión del resto de las democracias europeas -una llamada de Merkel a Moncloa- y negociaría un acuerdo entre iguales. Un emisario de Putin llegaría con 200.000 millones de dólares para las arcas del tesoro catalán. Biden les mandaría un ‘christmas’.