"Hace tiempo que no pasa paloma, que han aprendido, que esto no es lo que era"

Actualizado el 18/10/2021 a las 08:01
"Aquí si no hay niebla, hay bochorno”, me dijo el hombre de la Venta cuando empecé a andar, pese a que no se veía a dos metros. Luego, como sin darle importancia, me dijo que cuando llegara a una balsa para el ganado, más arriba, puede que mejorara y así fue: llegué a la balsa y la niebla se fue difuminando como si se descorriera una cortina, y apareció el paisaje que todavía no parecía real del todo, recién puesto, unas ovejas quietas y el monte Larun allí mismo, como la quilla de barco, con su antena en la cima. El otoño no ha llegado todavía, me dije, los árboles conservan sus hojas, pero ya han caído las castañas sobre el suelo, abriéndose, y el aire es distinto, todo esta como desmayado, hay humo y disparos de escopeta y al llegar al collado de Usategieta encuentro un grupo de ornitólogos mirando por los prismáticos, apuntando en un cuaderno el paso de un milano, o un gavilán. Por el cielo límpido pasa ahora en formación una bandada de cormoranes negros que vienen del mar, pero no hay ni rastro de palomas. Los cazadores bajan de los puestos con traje de camuflaje, la escopeta en su funda, resignados, y van a tomar una cerveza en la terraza, entre franceses que ya están pensando en comer. Hace tiempo que no pasa paloma, que han aprendido, que esto no es lo que era. Sobre la mesa de madera me tomo unos pistachos mirando el horizonte. Es la Navarra atlántica, el confín de Navarra, una vasta extensión de montes, prados, helechales y caseríos, un amable país verde, con tonos fucsia, insólitos, que se extiende hacia lo lejos, casi hasta el mar, y entonces, por contraste, recuerdo el viñedo en que estuve hace poco, frente al Moncayo: el racimo de uva garnacha, el olor a sarmientos quemados, y vuelvo a sentir que son mundos distintos, montaña y ribera, dos caras de la moneda, lugares donde hasta la calidad del aire no es la misma, ni el carácter de la gente, se diría que es imposible que hagan una unidad, salvo, pienso, por la voluntad del hombre que es quien ha hecho ese pequeño milagro que damos por supuesto, como el de la paloma que pasa cada otoño sin equivocarse, camino de un lugar donde pasar el invierno.