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"Crónica de un fracaso: del 15-M al macrobotellón"

Mi perro defecaba con las patas traseras temblorosas en la plaza de costumbre. En el área de juegos infantiles un grupo de jóvenes marcianos bailaba en una nebulosa azul. Habían colocado un altavoz y con una música del inframundo daban los buenos días a quienes sí habíamos dormido. Algunos llevaban el pelo teñido de rosa o de color caramelo de violeta, como las abuelitas. Como el suelo estaba cubierto de vidrios de botella, llamé al perro y lo enganché a la correa. Mientras regresaba a casa, me maldije por no tener un pitbull aficionado a la carne humana. Al parecer, el fenómeno del botellón se ha extendido a toda España con el lema “Necesitamos desfogarnos”. Aunque me gustaría soltarles una jauría de hienas hambrientas, en el fondo les comprendo. Yo me desfogué con litronas (no sé si el sustantivo forma parte de la jerga actual o si desapareció con la generación boomer), bebidas en las aceras de Jarauta. La litrona hace referencia a un litro de cerveza, mientras que el botellón admite todo tipo de mezclas de efectos alucinatorios. Hay más diferencias entre aquellas litronas y el botellón. ¿Peleas? Pocas, muy pocas, y todas ellas tan correctas que parecían respetar las normas del marqués de Queensberry. De la música, mejor no hablamos. Y qué quieren que les diga, a pesar de nuestras hombreras, éramos más elegantes. Normalmente, quienes defienden el “derecho” de los jóvenes a hacer el vándalo sin límites no viven en las plazas donde se reúnen, sino en zonas alejadas, urbanizaciones de campo o áreas que no atraen el basurero que deja a su paso la juventud, divino tesoro. Seguramente, esta columna es un indicio más de vejez, pues bien, y a mí qué. Si la juventud es escandalosa, la edad tardía es gozosamente aburrida y algo cínica. Lo único bueno que veo en este fenómeno es que los nuevos ácratas del desmadre despolitizado no van a ser carne de cañón de políticos trileros. De hecho, si tuviera ganas escribiría un ensayo titulado “Crónica de un fracaso: del 15-M al macrobotellón.”
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