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"La frase "vuelva usted mañana", dos siglos después de Larra sigue sonando en los oídos del sufrido ciudadano"

Avatar del Jose María RomeraJose María Romera04/10/2021
Terminaron las restricciones y llega la normalidad. No la nueva normalidad, sino la auténtica, que como todo el mundo sabe consiste en llenar de público los estadios y tomar la cerveza en la barra de los bares. La conquista de la barra se produce un año después de aquel otro gran hito en la historia reciente de las libertades que fue la conquista de la terraza. Van a tener razón quienes sostienen que la lucha contra la pandemia no se ha librado en los hospitales sino en ese frente más amplio y no menos aguerrido que integran los establecimientos de hostelería. Vengan, pues, esas cañas. Brindemos. Pero si pretendemos hablar de normalidad en su pleno sentido no deberíamos olvidar que aún faltan por pulir algunos detalles. Habría sido un acierto del Gobierno aprovechar la noticia del fin de las restricciones para dar el anuncio de otras medidas de vuelta al orden en servicios públicos mermados por mor de la covid. Estaría feo que mientras la vida se abre paso airosamente ahí fuera, en el interior de los centros oficiales continuaran rigiendo unas cautelas, demoras, limitaciones y barreras que más parecen destinadas a procurar confort a administradores y empleados que a impedir la propagación del virus. La pandemia contribuyó a instalar la idea perversa de que lo más conveniente para servir al ciudadano era mantenerlo lejos. Es una vieja teoría asentada en lo más cavernoso de la mentalidad funcionarial, pero que nunca hasta ahora había llegado a materializarse con éxito. No hay que desestimar el poder del virus como arma de negociación sindical. El caso es que llegamos a esta normalidad sin recuperar la atención presencial en los centros de salud, ni la jornada partida en las escuelas, ni los espacios públicos invadidos por la voracidad hostelera, ni los olvidados viajes del Imserso, ni los horarios de oficina restringidos hasta el descaro, ni los programas de toda índole aplazados, ni otras muchas medidas provisionales que la inercia lleva camino de convertir en definitivas. “Han venido para quedarse” es una frase de moda terrible, casi tanto como aquella de “vuelva usted mañana” que dos siglos después de Larra sigue sonando en los oídos del sufrido ciudadano.  
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