"Está claro, dijo Arregi entonces, que después de décadas de terrorismo no vivimos en la Euskadi que quería ETA"

thumb

Pedro Charro

Actualizado el 20/09/2021 a las 08:06

Bien quisiera tener hoy más espacio para hablar de todo el saber y el bien que recibí de este hombre afable y sabio, Joseba Arregi que, después de haber sido un insigne político nacionalista, abandonó este abrigo confortable -hace falta arrojo para que uno deje a los suyos- para ponerse irrevocablemente del lado de las víctimas de ETA y poner a quienes miraban hacia otro lado, cuando no disculpaba los crímenes, frente a su responsabilidad en lo ocurrido. Ahora que ha muerto, rebuscando entre papeles, he encontrado las notas que tomé en una charla suya en Zaragoza, en la Fundación Giménez Abad, hace algún tiempo, en la que abordó la situación creada tras el abandono de las armas por ETA y se preguntó si el terrorismo había sido o no útil, si había alcanzado sus objetivos, como decían algunos. Está claro, dijo Arregi entonces, que después de décadas de terrorismo no vivimos en la Euskadi que quería ETA. España sigue existiendo, el estado de derecho se mantiene y, sobre todo, hay una sociedad vasca plural, no homogénea, donde se ha recuperado en buena parte la libertad. Podemos felicitarnos de que la democracia haya vencido. Pero, de otro lado, los herederos de ETA están en las instituciones sin haber condenado su sanguinaria historia pasada. Cuando Arregi dijo esto, todavía no se había dado el paso de homologarlos como socios, algo que han logrado sin deslegitimar sin matices la violencia política, ni comprometerse a que algo así nunca vuelva a ocurrir, ni mucho menos pedir perdón, lo que hubiera abierto las puertas de la reconciliación y el olvido. No hay una renuncia a ese nacionalismo esencialista y radical por el cual se ha matado, ni algo tan básico como que no puede imponerse un proyecto político a tiros y liquidando, al contrario. Los herederos que decía Arregi no hablan ese idioma, no conocen la falta, no renuncian a nada. Todavía. Pero a veces las victorias son así, dejan un regusto amargo, necesitan que se siga en la brecha. Quizás otras generaciones vuelvan sobre un tiempo que ahora es difícil mirar de frente y por el que pedirán cuentas. Entonces encontrarán en Arregi un testimonio impagable.

Etiquetas:

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora