"Quienes más defienden el relativismo ético son los talibanes de la nueva moral del siglo XXI"

Actualizado el 13/09/2021 a las 09:42
La era de la posverdad, en la que el sexo es sustituido por el género y la verdad por la construcción de un relato, se caracteriza, paradójicamente, por ser la era de los nuevos moralistas. Quienes más defienden el relativismo ético son los talibanes de la nueva moral del siglo XXI. A estos predicadores hay que sumar a quienes, desde mediados del siglo pasado, no se han movido un milímetro de sus convicciones. Así pues, entre los que celebran la muerte de un torero o están convencidos de que el mal absoluto lo incubamos quienes carecemos de ovarios, se unen aquellos que están en posesión de la Verdad (con mayúscula). Para ellos, la duda, ese camino pedregoso del conocimiento, está desterrada. La afición a sermonear no es patrimonio exclusivo de conservadores o progresistas. Leo las declaraciones de Antonio Muñoz Molina, un escritor a quien admiro y leo, pero del que ya me cansa su tono admonitorio, de curilla laico: “Hay que tener mucho cuidado con lamentar la pérdida de virtudes del pasado”. Amén. A la nueva ofensiva de los nuevos y viejos moralistas se une la corrección política, a la que los medios de comunicación no son ajenos. Los potencialmente ofendidos son legión a uno y otro lado del escrúpulo. Esta semana se ha sabido que treinta escuelas fancófonas de Ontario han llevado a cabo un expurgo purificador en sus bibliotecas. Más de cinco mil títulos han acabado en los contenedores de reciclaje… o en las llamas. En 2019 se celebró un akelarre y fueron quemados cómics de Tintín, Obélix, Pocahontas, Astérix y Lucky Luke. A estos simpáticos personajes les acompañaron en el cadalso algunas novelas, biografías y enciclopedias. Al parecer, ofendían la neomoral puritana por representar estereotipos, burlarse de los indígenas o usar un lenguaje poco adecuado. ¡Por Tutatis! Todo esto sería para reírse un rato y hacer chistes muy incorrectos si no fuera porque la quema de libros suele preceder a que rueden cabezas como coles. Por cierto, ya ha comenzado la Feria del Libro de Madrid.
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