"Unos padres responsables no permitirían que sus hijos pasaran el día bailando sobre un vertedero"

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José María Romera

Actualizado el 02/08/2021 a las 10:34

A cada generación de padres y madres le toca su martirio, y el de esta de ahora parecen ser las pantallas. Cada cierto tiempo aparece un nuevo estudio sobre el daño causado en los pequeños por la televisión, los ordenadores, los móviles y otros artilugios electrónicos de los muchos que compiten por robar su atención. Cuando no es que los distraen más de la cuenta es que les causan trastornos varios de orden neurológico, cognitivo o afectivo, según sostenga el especialista de turno. Los padres saben que tarde o temprano habrán de ceder a la presión ambiental pero piden pautas para llegar a una derrota honrosa: que nadie diga que dejaron a sus criaturas a la intemperie o que se comportaron como unos carcas tecnófobos. Por eso respiran aliviados cuando salta la noticia de otro estudio que corrige o atenúa el diagnóstico. Unos científicos de la universidad de Tennessee han publicado un trabajo donde aseguran que no hay relación entre los dispositivos audiovisuales y los males de la infancia que se les achacan, y que los trabajos anteriores adolecen de errores de método que los invalidan. Un tópico más que se tambalea, y otra amenaza para ser puesta en cuarentena al menos hasta la próxima investigación en sentido contrario. Pero este vaivén pendular de peligros y ventajas de los dispositivos viene limitado por el hecho de que solo enjuicia su condición de medios materiales, de simples canales comunicativos, no sus contenidos. Puede ser que las pantallas sean inocentes y no emitan ondas nocivas, ni alteren el sueño, ni agiten las neuronas, ni cansen la vista, pero la pregunta previa es si el tipo de mensajes enviados a través de ellas favorece el desarrollo de los niños. Vista la programación de nuestras cadenas, la respuesta es clara. Antes de inquietarnos por el inevitable predominio de la tecnología digital convendría indagar en la calidad de sus emisiones, invariablemente inclinadas a la vulgaridad. Que las pantallas sirvan también de cauce a la ciencia y al pensamiento no significa que por regla general no sean portadoras de basura de la peor especie. Y unos padres responsables no permitirían que sus hijos pasaran el día bailando sobre un vertedero.

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