Estatuas para el Paseo de Sarasate

Actualizado el 30/05/2021 a las 22:32
Es duro ser un rey con estatua en Pamplona. Puedes terminar en una esquina de la plaza del Castillo, como ocurre con Carlos III, que sobre su mini pedestal parece condenado a pasar la eternidad esperando que los transeúntes le echen monedas. O ser un guerrero tribal vigilando el límite de la ciudad, como el Íñigo Arista que domina la rotonda de la variante.
Peor es que nadie te conozca. En el Paseo de Sarasate hay seis estatuas de reyes de Navarra. Los dos únicos reyes que están identificados, y de aquella manera, son Felipe III de Navarra (a quien nadie recuerda, porque apenas pisó el reino) y García Ramírez el Restaurador. Las otras cuatro componen una especie de monumento al monarca desconocido. El plan del Ayuntamiento es agrupar las seis estatuas de reyes que tenemos en el Paseo de Sarasate.
La renovación del paseo incluirá una nueva estatua en el andén central. El Ayuntamiento ha encargado a tres artistas navarros (¿quiénes?) proyectos para una escultura que estaría situada frente al Parlamento. Pero poner una estatua para siempre ahí no es la única solución.
No sé si se acuerdan del plinto. Era un instrumento de tortura utilizado contra los chavales de mi generación (y de algunas posteriores). La tercera acepción del diccionario académico lo define como “aparato gimnástico de madera con la superficie almohadillada utilizado para realizar pruebas de salto”. La definición oculta el horror que sentíamos cuando nos iban lanzando a la carrera contra el plinto, con la perspectiva de que si no lo saltábamos nos estrellaríamos contra él, como oleadas de kamikazes atacando un portaviones americano.
Pero plinto es también, en algunos caso, la base sobre la que colocar una estatua. Lo normal es que pedestal y estatua vayan de la mano, pero hay un ejemplo famoso en el que las cosas se quedaron a medio hacer.
En cada esquina de la plaza de Trafalgar, en el centro del Londres, hay un plinto. Tres tienen encima una estatua, del rey Jorge IV (al que se le independizaron los Estados Unidos) y de dos generales, Havelock y Napier, que son prácticamente igual de desconocidos en Inglaterra que en España.
Pero el cuarto plinto se construyó en 1841 y quedó vacío porque no había fondos para erigir la prevista estatua de Guillermo IV. Y siglo y medio después, hartos de ver ver una base sin escultura, se decidió que una serie de esculturas fueran pasando sobre la estructura: un Ecce Homo, el barco de Nelson dentro de una botella, un caballo de juguete, una gallina o, desde el año pasado The end, que muestra en sus nueve metros y medio de altura un montón de nata montada con una cereza, una mosca y un dron que transmite en directo (theend.today) lo que pasa en la plaza.
Esta larga introducción es para una sugerencia. Propongo que no nos quedemos con una sola escultura, sino que les pongamos uno o dos años de fecha de caducidad, y que vayamos sustituyéndolas. Tenemos en un extremo del paseo de Sarasate a la Diputación, y enfrente al Parlamento foral. Visualmente sugiere el diálogo entre el ejecutivo y el legislativo (quizás también simbólicamente, hoy el judicial está fuera puertas). Dentro del paseo podrían dialogar lo permanente del Monumento a los Fueros con lo transitorio de unas obras de arte que expresen de forma directa u oblicua las preocupaciones de la ciudadanía. Y a lo mejor tenemos propuestas tan divertidas como las de Trafalgar Square.