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OPINIÓN

"Pamplona es un 'resort' para palomas"

Avatar del Jose MurugarrenJose Murugarren23/05/2021
Si un ‘Resort’ es un complejo hotelero diseñado para disfrutar de la estancia eso es Pamplona para las palomas. Un “Todo Incluido” para 8.000 potenciales clientes con pico y alas y las mejores instalaciones entre la plaza del Castillo, el Casco Viejo y el segundo Ensanche. Pareciera pensado hasta el último detalle para dar servicio a estos bichos. Si es usted paloma o palomo le resultará sugerente descansar a pico suelto sobre cómodos cables de la luz. O acostarse si lo prefiere en silenciosas viviendas que sus vecinos deshabitaron en lo más céntrico de la ciudad. Al amanecer tras el sueño reparador por Estafeta o la calle Mayor podrá usted estirar las alas, zurear su alegría y tomar un baño en las pozas del kiosco de la plaza del Castillo o en la fuente de San Nicolás. Las instalaciones están a su disposición.
Muy cerca de este ‘spa’ para colúmbidas hay bares. Y ahí se sirve el desayuno. Espere a que las mesas rebosen de café humeante, cruasanes de hojaldre y zumos de naranja. Ejerza de paloma, mueva el cuello con esos temblores tan de su especie mientras el pico se le hace agua esperando el momento y en el descuido, ¡zas!, el primer bocado ya es suyo. Arrulle a su pareja con ronroneo de palomo que la vida son 4 días o 7 años si de palomas hablamos. Disfrute de su estancia con pensión completa permanente, camine por Sarasate o Carlos III y alíviese en cualquier tubería o banco. Entretanto los concejales seguirán a lo suyo. A discutir en foros y en los medios cómo reducir la población palomera y la oposición que antes gestionó y no resolvió criticará a quienes le sucedieron en el cargo y en la indeterminación.
Es verdad que los humanos tenemos una relación rara con estas aves. Lo mismo las convertimos en símbolo de paz y concordia y las colocamos en banderas que las perseguimos por corroer los tejados con sus excrementos. Las cebamos un día en parques y jardines y otro prohibimos darles alimento. Somos capaces de levantar estandartes con su imagen para reclamar un alto el fuego en Palestina y en la misma conversación llamarles ratas con alas porque nos roban el aperitivo en las mesas de los bares. Resultan divertidos estos enfados entre concejales en los que unos y otros plantean medidas de guante blanco para controlar la población de palomas mientras se insultan entre ellos. Las leyes exigen respeto animal y en este galimatías la fórmula que se les ocurre a unos es pinchar los huevos de las palomas para reducir su reproducción o poner halcones que las asusten y las envíen a otros barrios. Somos gente contradictoria los humanos y estos bichos lo saben. Por eso seguramente siguen creciendo en las plazas. No hay halcón ni pinchazo ni susto que tire tanto como la habitación con vistas de unos cables en Chapitela sobre el fondo de las terrazas de la plaza del Castillo repletas de martinis y croquetas. Un ‘Todo Incluido’ para ellas en la ciudad de los Sanfermines. Las palomas nos han visto el plumero.
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