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OPINIÓN

“Una semana después del levantamiento del estado de alarma, persiste la incertidumbre sobre los instrumentos jurídicos de los que disponen las comunidades”

Una semana después del levantamiento del estado de alarma, persiste la incertidumbre sobre los instrumentos jurídicos de los que disponen las comunidades para combatir la pandemia

Avatar del undefinedDiario de Navarra15/05/2021
Se cumple una semana del levantamiento del estado de alarma, y persiste la incertidumbre sobre los instrumentos jurídicos de los que disponen las comunidades autónomas para combatir la pandemia a corto plazo. La han alimentado los contradictorios pronunciamientos de los tribunales superiores de justicia sobre la posibilidad de aplicar confinamientos y toques de queda al amparo de la legislación ordinaria y la confusión propiciada por el Gobierno de Pedro Sánchez al defender una cosa y la contraria respecto a posibles reformas normativas para restringir derechos fundamentales sin recurrir a ese paraguas constitucional. Tal y como señala el presidente del TSJN en una entrevista, que haya esta disparidad de criterios “es una demostración clara de que la normativa no es suficiente”.
Tienen razón los socios parlamentarios de Sánchez cuando denuncian la “inseguridad” creada, y más después de que hace un año el Ejecutivo se comprometió a estudiar y poner en marcha un plan B al estado de alarma, quizás similar al que con tanto ahínco defiende el PP. Una vez superado el pico de la cuarta ola, la disminución de los contagios ha dado un respiro a los hospitales, aunque aún hay comunidades autónomas con datos preocupantes. Sin embargo, la relajación social tras el final de las principales limitaciones, cuya expresión más extrema son las bochornosas aglomeraciones en las calles, hace temer un repunte de los casos. Como bien ha advertido la ministra de Sanidad, la desaparición del estado de alarma no significa que la ciudadanía pueda comportarse como si el coronavirus no existiera. Hasta que el avance de la vacunación permita el regreso a una normalidad digna de tal nombre, de su comportamiento cívico depende el control de un virus que sigue causando muertes.
Con una situación epidemiológica muy dispar entre las comunidades, habría sido preferible una desescalada menos brusca: una prórroga del estado de alarma con la opción de que las autonomías ajustaran su alcance a las necesidades de sus respectivos territorios. Cualquier precaución es poca cuando ya se ve la luz al final del túnel.
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