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OPINIÓN

El hombre que escribió su esquela después de morir

Opinión de José Murugarren

Avatar del Jose MurugarrenJose Murugarren11/04/2021
Imagina que estás muerto y que desde algún lugar incorpóreo contemplas la vida de aquí abajo. Imagina que tras un año por esos andurriales decides corresponder el trato que los tuyos te dispensaron, los cuidados que te procuraron, los recuerdos compartidos que han revivido tras tu marcha y que resuelves agradecerlo publicando una esquela en el periódico.
¿Una esquela?
Es cierto que el tipo de reconocimiento elegido sorprende porque la tradición relaciona las esquelas con la comunicación del dolor tras un fallecimiento. Nada que ver con festejar la vida. Más bien, con su antítesis. Ni con la capacidad de encajar la muerte con naturalidad. En esa paradoja reside probablemente el impacto. Las esquelas guardan un vínculo estrecho con la tristeza, incluso con la tragedia y choca verlas convertidas en una fiesta de aceptación, gratitud y buen humor. La suma de estos ingredientes poco habituales termina construyendo un plato de resultados asombrosos.
Algo de eso ha ocurrido con la esquela publicada esta semana en Diario de Navarra que recogía el relato en primera persona de la muerte de Julián Arróniz. Se ha hecho viral. Un texto en el que el fallecido parecía contar su circunstancia. “Quiero deciros que durante este año os he podido sentir echándome de menos, recordando cientos de momentos bellos compartidos (...)” señalaba.” No imagináis lo mucho que os lo agradezco y lo bien que sienta recibir tanto amor y buenos sentimientos aquí arriba. (...) Muchas gracias! Os quiero. Postdata. Poneros las mascarillas y mantened distancia”, finalizaba el muerto con retranca. “No quisiera veros por aquí. Un fuerte abrazo (aquí podemos darlos)”.
Al día siguiente un reportaje desvelaba que el texto había sido escrito por Ione, una de sus hijas, con el propósito de homenajear a su padre respetando el espíritu de su estilo vital. No era la primera vez que esto ocurría. Recuerdo una esquela de una artista pamplonesa, cantante y profesora de baile que dejó escrito su propio texto. La fallecida dedicaba un emotivo mensaje a sus padres «Mami, ya me han dicho por aquí que no hay nadie que se parezca a ti. Gracias por los 45 años que me has regalado”. «Papi, ve quedándote con las pistas que esto está lleno de candados» al tiempo que se despedía y animaba a todos a practicar una de su pasiones vitales:“bailar”. El éxito de aquella esquela fue comparable al de ésta. Las redes sociales y los medios de comunicación se hicieron eco. El secreto es el mismo. La aparente contradicción de utilizar un recurso como la esquela tan ligada tradicionalmente al desconsuelo de la pérdida pero en esta ocasión como motivo para celebrar el agradecimiento. La osadía de hacerlo en primera persona. Y la capacidad de encarar la muerte como un episodio más afrontando incluso con humor la situación. Asumir el último momento con la cordialidad de quien acepta irse con “la tranquilidad de saber que el pequeño Ion (su último nieto) está en camino”, espolea las emociones. Quien así escribe de la muerte sin duda ha hecho un esfuerzo sensible por entender la vida. Seguro que a Julián Arróniz, el finado protagonista de esta historia le habría encajado como anillo al dedo el epitafio lleno de ingenio e ironía que durante mucho tiempo se atribuyó a la tumba del fenomenal Groucho Marx: “Perdone que no me levante”.
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