"La política no gana nada con la gestación de comportamientos que rozan lo inmoral"
La política no gana nada con la gestación de comportamientos que rozan lo inmoral, transfuguismo y fichajes que buscan acabar
con el adversario político

Actualizado el 25/03/2021 a las 22:22
Las relaciones entre los partidos, los vínculos de los cargos públicos con la formación en cuyo nombre accedieron a las instituciones y el trato que desde las distintas siglas se dispensa a sus afiliados y votantes han experimentado un notable deterioro a raíz de las mociones de censura en Murcia. El empeño por acabar con la existencia del grupo adversario contraviene el pluralismo que da sentido a la democracia. La existencia de diferencias dentro de una fuerza política puede dar lugar a una escisión, a la renuncia a un puesto representativo o incluso al abandono de una organización para incorporarse a otra. Pero todos esos movimientos han de ser explicados con argumentos convincentes. Especialmente cuando alguien se aferra al principio legal de que el escaño es del electo y no del partido, alegando su fidelidad a los votantes frente a la formación en cuyas listas concurrió a las urnas. Cuando los saltos de un partido a otro parecen asegurar el mantenimiento de un cargo o la inclusión en lugares de salida para próximos comicios, las personas que así actúan transmiten un mensaje poco edificante en cuanto a la honorabilidad de su compromiso público si eluden explicar los motivos del cambio. La política en general no gana nada de la gestación de un mercado de fichajes realizados en las filas de un contendiente. Mucho menos cuando cabe pensar que con ello se fomentan las peores artes de la captación partidaria. El problema se agrava cuando la proliferación de conductas basadas en el interés propio y en la inquina hacia los demás contribuye a naturalizar la podredumbre. Y se contagia multiplicando la arbitrariedad, el dirigismo y la impunidad frente al escrutinio público por efecto de un “y tú más” que obliga a mantener prietas las filas propias. En las últimas semanas hemos contemplado intentos de asalto al poder en medio de la crisis pandémica, a candidatos que se agregan a una lista, a dirigentes que dejan un cargo para aspirar a otro sin rendir cuentas de su ejecutoria anterior. Unos comportamientos absolutamente censurables que se acomodan en la espiral del todo vale.