"El 'pasaporte' sanitario daría un balón de oxígeno a economías como la española"
La canciller alemana Angela Merkel ha confirmado el acuerdo entre los 27 en la creación de un pasaporte europeo de vacunación y confía en que esté listo antes del verano

Actualizado el 01/03/2021 a las 06:00
La cumbre de la Unión Europea ha impulsado la creación de un ‘pasaporte’ de vacunación que permita a los ciudadanos inmunizados viajar o acceder a determinadas actividades. La idea de tener un certificado sanitario como salvoconducto es, en apariencia, la solución para el turismo, para empezar a eliminar restricciones y reactivar los viajes. La Comisión Europea calcula que necesitará tres meses para los preparativos técnicos de este proyecto, lo que permitiría recuperar en verano el turismo entre los países de la Unión y daría un balón de oxígeno a economías como la española. La implantación de un certificado de ese tipo ha generado controversias jurídicas ante el riesgo de que pueda ser utilizado para restringir derechos fundamentales sin una sólida sustentación legal que lo ampare. Siendo ello cierto también lo es que, si su uso queda limitado a los desplazamientos y al control de entrada en un país o ciudad, ese documento no sería más discriminatorio que otras herramientas limitadoras de la movilidad para contener la pandemia y que ya están en vigor, como los test previos al empleo de algunos medios de transporte, las cuarentenas o los confinamientos perimetrales. El debate al respecto confirma la necesidad de adecuar la legislación a emergencias sanitarias como la actual. La voluntad de los países turísticos, como es el caso de España, de que dicho ‘pasaporte’ garantice la libre circulación de los que lo posean, choca con la resistencia de los que detectan en una operación de este tipo una discriminación a los no vacunados, más aún en un momento en que el porcentaje de población que ha recibido las dosis es muy reducido. Por eso, la UE debe aplicarse en acelerar al máximo la vacunación para recobrar la movilidad y la normalidad a la que estábamos acostumbrados antes de la pandemia, con la complicidad de las empresas farmacéuticas, que deben hacer un mayor esfuerzo en la producción y distribución de las vacunas. De ello depende, en primer lugar, la salud de las personas, y después, la recuperación de la economía europea.