Simon says significa Simón dice
Opinión de Marcos Sánchez

Actualizado el 24/01/2021 a las 23:50
Puede que usted haya jugado alguna vez animado por sus hijos. O haya visto y escuchado jugar a sus hijos. O haya jugado sin hijo alguno de por medio para cumplir el diagnóstico de que no dejamos de jugar porque envejecemos, envejecemos porque dejamos de jugar. Sea como sea, quizás conozca el entretenimiento: Simón manda. Uno de los participantes hace de él y lanza instrucciones a los demás, que deben acatarlas si van precedidas de la expresión ‘Simón dice’ o ‘Simon says’ en inglés. ‘Simón dice tócate la oreja izquierda’... y el resto, a tocarse la oreja izquierda. ‘Tócate la oreja izquierda’... y al resto la orden le debería entrar por la oreja izquierda y salir por la derecha o viceversa, pues el orden no altera la desobediencia. Pierde quien cae en el descuido o no cumple, gana el último en resistir.
En el tablero de juego sobre el que nos arrojaron sin pedir permiso a todos hace un año, hay un Simón verdadero, de DNI certificador. Simón Soria, Fernando. Médico epidemiólogo, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad. Corrían aquellos días en los que aún manejábamos preocupaciones mundanas, a dónde iremos el fin de semana, zurito y pincho de tortilla en barra, mira papá qué divertido echar el aire por la boca cuado hace frío porque parece que estamos fumando. Era el paso de enero a febrero de 2020, pese a que por la añoranza de la libertad plena nos parezca ya del siglo pasado, y Simón comenzó a colarse en nuestra vida de manera efectiva. Ni siquiera acertábamos aún a situar Wuhan en Japón o en China y se asomó con el mejor cartel posible para captar la atención: no ser un político divagando sobre los asuntos de siempre. Pelo imposible de peinar, jerséis, camisas sin corbata ni pretensiones y un hablar relajado. En el atril y ante los focos, un tipo aparentemente normal dispuesto a responder a cientos de preguntas si hacía falta. Y aquello constituía tal novedad que se ganó el asentimiento popular de que había que escucharle. Es más, se nos volvió en imprescindible y el ¿qué ha dicho hoy Simón? superó en el uso a otras dudas diarias del tipo ¿te has tomado hoy la pastilla? Estábamos tan perdidos ante los primeros arreones del coronavirus que incluso a nuestro guía le pasábamos todo por alto. Incluso sus desaciertos. “España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado”, afirmó entonces. Daba igual. Un error lo tenía cualquiera. Pero ahora ya no.
Al tipo normal se le fue yendo la cosa de las manos a base de gestos extraños para su condición como los de protagonizar un programa de televisión ligero cuando los datos de la covid golpeaban, posar en alguna portada de revista con moto y chupa de cuero cuando los datos de la covid golpeaban, o soltar una gracieta soez sobre enfermeras cuando los datos de la covid golpeaban. Porque los golpes, más duros o menos, nunca han cesado. En un momento dado, entró la duda de si quien hablaba era aún el experto o un posible concursante de Masterchef Celebrity. Desde ahí, poco a poco, el nexo entre la sociedad y Fernando Simón ha evolucionado en la misma línea del de la primera con la propia pandemia: de una dependencia emocional por el no saber qué pasará al hartazgo. Un año de restricciones después, de haced esto y dejad de hacer lo otro, de pasarlo mal, de sentirnos en un bucle desmoralizante sin avanzar en el tiempo, al ciudadano empiezan a atragantársele los pepito grillo. Y a Simón se le ha disipado su áurea. “En Navidades lo pasamos mejor de lo que deberíamos”, ha afeado el epidemiólogo, el mismo que en días ha variado de “marginal” a “dominante” su previsión sobre la presencia en España de la cepa británica.
-¿Todavía sigue ese hombre ahí?
-¿Quién?
-La pastilla, que si te la has tomado.