Y se hizo la luz: políticos vendeburras

Opinión de Marcos Sánchez

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User Admin

Actualizado el 17/01/2021 a las 06:00

Bajaría el precio de la luz si gobernaba Unidas Podemos y, ahora que gobierna Unidas Podemos y el precio de la luz se ha encarecido, ya puede concluirse que los únicos en venirse abajo han sido los pantalones de quienes prometieron todo y no han materializado nada. Pablo Iglesias, Irene Montero y esos otros nombres del montón han quedado con las vergüenzas sin tapar y retratados por una hemeroteca que, dicho sea de paso, ya se está acostumbrando a abofetearles el rostro. La cosa eléctrica ha supuesto el último sopapo. Quizás el más sonoro. Es lo que tiene tanta verborrea predecesora de eso donde acaban los rodeos mitineros: votadme. Para los salvadores morados, amoratados más bien con tanto golpe de su propio pasado, todos los ejecutivos anteriores eran indignos, una especie de gabinetes de arrodillados ante un empresariado prendiéndose los montecristos con billetes y riendo cuando el ciudadano pulsa los interruptores de su casa. Ésta es la viñeta que constantemente difundía Podemos. ‘Os pedimos el voto, os pedimos una oportunidad para gobernar. Lo reconoce todo el mundo: sólo nosotros podemos hacer que baje la factura de la luz o que la banca devuelva lo que nos debe, por algo sencillo: no somos perfectos pero a nosotros no nos compran’, escribió una vez la hoy ministra Montero en Twitter. Nada demasiado diferente a lo que también pregonaron muchas veces Iglesias, a la postre vicepresidente, Pablo Echenique o Alberto Garzón. De Garzón dicen que es ministro de Consumo y líder de Izquierda Unida. De Izquierda Unida afirman que todavía existe con la misma rotundidad de quienes sospechan que hay vida en Marte.

Y ahora, ¿qué? Ahora, nada. La política ha llegado a un grado en el que todo le resbala, convertida en un refugio para vendeburras o vendehumos, mentirosos a fin de cuentas, y un ombliguismo mayúsculo porque en lo único que piensan las siglas es en sí mismas. Todo es estrategia intestina, asentada en el convencimiento de que quienes votan a un partido lo van a seguir haciendo por inercia militante pese a engaños y decepciones. Prima animar al equipo con los ojos cerrados y no el análisis del mérito. Cómo es posible explicar si no que, en plena crisis sanitaria, alguien considere apropiado despistar al ministro del ramo convirtiéndole en aspirante en unas elecciones autonómicas. Cómo se explica que después de ochenta mil muertos durante el pasado año según el Instituto Nacional de Estadística, treinta mil más que los informados por el ministerio, después de tantas libertades ciudadanas maniatadas, después de la penuria de negocios cerrados y puestos de trabajo disipados, alguien considere que la persona a la que le ha tocado gestionar estos días negros constituye un cartel agitador de euforias. Tan seguro pisa el PSOE de Pedro Sánchez con el ‘efecto Illa’ que incluso se ha resistido a que las elecciones catalanas se retrasen. ¿Movilizar a millones de ciudadanos a que se concentren en puntos de votación en medio de las circunstancias imperantes? ¡De acuerdo, viva! Si el candidato Illa preguntase por la idoneidad al ministro Illa, la contestación sería ¿te has vuelto loco, alma de cántaro?

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