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Escuela diferenciada, libertad y miedo

Opinión de Alberto Nahum Garcia

Alberto Nahum
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  • Alberto Nahum
Actualizada 17/01/2021 a las 06:00

Quienes hemos escogido colegios mixtos para nuestros hijos también deberíamos alarmarnos ante la posibilidad, como informaba este periódico, de que le retiren el concierto económico a la educación diferenciada (Irabia-Izaga y Miravalles-Redín). Porque, una vez más, el Estado anda decidiendo por los padres, en este caso discriminando una opción perfectamente legítima. Hoy toca el turno a este modelo educativo, mañana vaya usted a saber. Por eso nos debería inquietar.

Más allá de la batalla legal, cabe reflexionar sobre la cuestión de fondo. ¿Por qué es mala la educación diferenciada, hasta el punto de excluirla de las ayudas públicas que tantos concertados reciben? Es tan válida como la mixta. Y lo más maravilloso es que no obliga a nadie: quienes lo deseen pueden solicitar plaza en esos colegios y, a quienes no les guste, que son la inmensa mayoría, pedirán entrar en cualquier otro. ¿No es fantástica la libertad para escoger? Sin embargo, no es suficiente. Según la ley Celaá y la postura expresada por el consejero Gimeno, esos estudiantes no deberían tener derecho a una educación concertada. Su modelo debe ser discriminado, es decir, castigado sin dinero público. ¿Por qué?

Aquí es donde las contradicciones emergen y el dogmatismo se impone al conocimiento y los hechos. ¿Son acaso colegios que producen jóvenes más machistas? ¿Dónde están los números que lo avalen? ¿Son centros que animan a la mujer a adoptar un rol tradicional que no sea del gusto de las instituciones actuales? Muestren datos de las carreras que escogen, por favor. Porque para generar incertidumbre sobre algo tan esencial como la educación de nuestros hijos -más aún con la que está cayendo entre pandemia y crisis económica- habría que ser muy riguroso. ¡Los padres eligen esos centros porque entienden que es lo mejor para sus hijos! Y porque es un modelo que funciona estupendamente. En todos los rankings (desde el del diario El Mundo hasta en las notas de Selectividad) esos colegios navarros aparecen siempre muy arriba.

Las familias de esos 4.500 alumnos y sus 350 profesores deberían obtener una justificación intelectual rigurosa, más allá de que “segregar por sexos” en el aula es pernicioso. ¿Por qué lo es? ¿Dónde están las evidencias? ¿O, simplemente, se trata de una opinión y, como tal, perfectamente respetable pero también discutible? ¿No debe mantenerse el estado neutral ante cuestiones debatibles?

Uno puede argumentar: es que dividir entre chicos y chicas está mal porque es contrario a la igualdad y la inclusión. Y, entonces, por lógica y consistencia habría que encarar sus derivadas: ¿por qué está mal solo separar por sexos? Si la igualdad es la meta suprema, ¿por qué permitir modelos lingüísticos distintos? Que todos los colegios mezclen en sus aulas varios idiomas y aprendan todos exactamente lo mismo. Eso sería igualdad estricta y diversidad a raudales. Y que quien quiera educación solo en euskera o alemán, que “se la pague”, como se suele lamentablemente escuchar. Aún más, toda escuela agrupa indefectiblemente por edades. Se me ocurren pocas aulas más diversas que una en la que convivan niños de entre 3 y 15 años. Incluso hay modelos pedagógicos que lo propugnan. ¿Por qué admitir “segregar” por edades, en lugar de hacerlo por capacidad?

Queda ya claro que la “igualdad” o la “diversidad” no son más que bellas palabras para coartar la libertad de las familias que prefieren la educación diferenciada. Es sorprendente que, con la actual omnipresencia del concepto “diversidad”, esta jamás se aplique al ámbito ideológico. No. Ahí hay que imponer la uniformidad. Son deseables todas las diversidades excepto aquellas que partan de presupuestos antropológicos distintos al marco ideológico de quienes nos gobiernan. No, esa diversidad no se tolera. Ni siquiera para esos dos únicos colegios de los trescientos que operan en Navarra.

Por cierto, que no son precisamente instituciones con poco alumnado: cuentan con 11 líneas en total y lista de espera. Si existe una evidente demanda social, ¿por qué es lícito castigar a una alternativa que se ha revelado tan fructífera para formar a alumnos -intelectual y socialmente- durante décadas? El Estado ha de servir a la sociedad y no al revés.

En un artículo titulado “Libertad o miedo” (10-2-2015), el ahora consejero Gimeno entonaba una hermosa defensa de la libertad para, a continuación, escribir: “Parece no importarnos ser cada vez más dependientes y menos libres. Es por ello, por lo que nunca he apreciado a quien fundamenta su estrategia política en el ‘miedo’. Creo que no inspira confianza, que cada vez gusta menos y que es una manera de presentar carencias de tipo ideológico”. Hoy hay miles de familias angustiadas ante la posible eliminación del concierto, dos colegios chantajeados para cambiar su exitoso modelo educativo, y la libertad, ay, gravemente disminuida.

Gana el miedo, consejero.


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