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Opinión
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El último servicio de Don Juan Carlos I

Manuel Pulido.
Manuel Pulido.
  • Manuel Pulido
Actualizada 05/08/2020 a las 18:37

Triste final para un monarca ejemplar en lo político, pero cuya vida personal ha ensombrecido en los últimos años su figura y su imagen entre los españoles. No hace falta ser monárquico para subrayar aquellas palabras de Santiago Carrillo cuando señaló en los años de la transición que lo que estaba en juego no era la discusión entre Monarquía o República, sino entre Democracia/Dictadura, y el avezado líder comunista apostó por lo primero, por la democracia y apoyó al Rey Juan Carlos, pese a que antes había calificado su reinado como el de Juan Carlos I, el Breve.


En el comunicado de la Casa de S. M. El Rey hecho público en el inicio de las vacaciones de agosto, se recoge la carta de don Juan Carlos dirigida a Felipe VI, como Rey y como hijo, por la que se hace pública la decisión del Rey emérito de trasladarse fuera de España. El comunicado recoge el respeto de su hijo por la decisión tomada y desea “remarcar (galicismo) la importancia histórica que representa el reinado de su padre como legado y obra política institucional al servicio de España”. Al mismo tiempo el Rey reafirma los principios y valores sobre los que se asienta la Democracia en el marco de la Constitución y del ordenamiento jurídico.


Como se observará se trata de un documento muy medido que trata de dar respuesta a los rumores insistentes en las últimas semanas sobre el devenir del Rey Juan Carlos, que ha sido objeto de una cacería informativa sobre su vida y finanzas, cierta o no, la historia lo dirá, pero que desgraciadamente enlaza con el devenir de la institución monárquica en el S. XX.


Si Alfonso XIII tuvo que abdicar en los años treinta del siglo pasado de España y salir por Cartagena camino de Roma, en un triste episodio de nuestra historia contemporánea y Don Juan, el padre de Don Juan Carlos, tuvo que renunciar a los legítimos derechos dinásticos en favor de su hijo, legítimo heredero de la dinastía histórica tal como refleja y reconoce el artículo 57.1 de la Constitución, esperemos que el reinado de Felipe VI sea menos azaroso en lo personal y en lo político, porque en lo político será difícil mejorar la obra política de su padre.


Relata Mariano Gómez-Santos, el primer biógrafo del Dr. Marañón, cómo en el domicilio de este último en Madrid con presencia del Conde de Romanones, se negoció la salida de Alfonso XIII de nuestro país. La salida de un Rey emérito, legítimo heredero de la dinastía en una democracia constitucional como la nuestra, es un hecho anómalo y pone al descubierto las tensiones o presiones ejercida por el Gobierno sobre la Jefatura del Estado para llegar a esta solución.


Es cierto que la situación parecía insostenible pero pone de manifiesto que nuestra arquitectura constitucional está siendo cuarteada y que la salida de Juan Carlos no presagia nada bueno. Larga vida al Rey Felipe VI, que esperemos esté a la altura de las circunstancias.


Manuel Pulido Quecedo es doctor en Derecho Constitucional



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