Triste final de un gran Rey

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Jaime Ignacio del Burgo

Actualizado el 05/08/2020 a las 18:37

Siempre pensé que el rey Juan Carlos pasaría a la historia como el gran monarca que consiguió que España transitara de una dictadura a una democracia plena, con el concurso de la inmensa mayoría de los españoles, en paz y en libertad sorteando los intentos de involución de los sectores intransigentes del franquismo y de aquellos que, como ETA, hicieron todo lo posible para que el proceso descarrilara mediante un terrorismo criminal y liberticida. Dos años después, cuando la Constitución de la concordia llevaba tan solo poco más de un año de vigencia, la autoridad del rey, convertido ya en monarca constitucional, impidió que el fantasma de las dos Españas hiciera de nuevo su aparición.


Por desgracia, y aunque la historia nadie la puede borrar, el rey Juan Carlos pasará como el hombre que se vio obligado a abandonar el Palacio de la Zarzuela por la puerta de atrás por haber olvidado que la ejemplaridad es el presupuesto de legitimación que el rey ha de cumplir en todo momento para que la cúspide del Estado, a efectos de representación y como símbolo de la unidad nacional, se encomiende de forma hereditaria a una familia que hunde sus raíces en la historia de España. Es verdad que nadie es culpable mientras no se demuestre lo contrario ante un tribunal independiente. Es verdad que no robó al pueblo español, como por desgracia se han producido ejemplos muy lamentables en estas cuatro décadas de democracia, haciendo verdad aquello de que quien esté limpio de culpa tire la primera piedra. Es verdad que queda por ver si se confirma todo lo que en un goteo demoledor se ha ido publicando. Pero un inocente lucha con uñas y dientes en defensa del bien más preciado como persona, además de la vida, que es el honor. Y si no es así, asumir la responsabilidad, reparar el daño causado y devolver a la nación el fruto de negocios ilícitos o realizados mientras ejercía su regia función.


Dicho lo anterior, algunos -incluso miembros del actual Gobierno-, pretenden que los hijos sean responsables de las actuaciones poco honorables de sus padres, cuando no han tenido ninguna participación en ellas ni las han ocultado o encubierto. Y lo que es más indecente que traten, quienes no ocultan su voluntad de implantar un régimen totalitario comunista y antidemocrático, de deslegitimar todo el proceso de la Transición que fue uno de los más brillantes episodios de la historia de España. Por todo ello, hoy es un día muy triste para la nación española. No puedo olvidar que además de promulgar la Constitución también su firma está al pie de la Ley Orgánica que incorporó al ordenamiento jurídico el Amejoramiento del Fuero, otro gran hito de nuestra historia contemporánea.


Jaime Ignacio del Burgo es ex presidente del Gobierno de Navarra

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