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Opinión
OPINIÓN

¿Aguantará el presidente Sánchez?

Dejar la dirección y coordinación del estado de alarma en materia sanitaria a tal ministro, no deja de ser una temeridad

Manuel Pulido.
Manuel Pulido.
  • Manuel Pulido
Actualizada 30/05/2020 a las 06:00

El poder está para ejercerlo. Algunos piensan que sólo para disfrutarlo. Si repasásemos la nómina de cargos públicos estatales, autonómicos o locales en estos últimos tiempos, la pregunta que responder sería la de cómo se pudo nombrar a fulano o mengano para ocupar un cargo que le venía tan grande.

Algo parecido ocurre con el equipo de la sanidad estatal, pero sirve también para los autonómicos y locales. Cómo se pudo nombrar a un ministro y más aún a un equipo tan profano en la materia, aunque hoy nos interese el Ministerio de Sanidad junto con la actuación del presidente Sánchez que ejerce de superministro, que no de primer ministro.

El nombramiento de un gabinete, así como su dirección y coordinación, es la principal función del presidente de Gobierno, que en nuestro caso requiere la investidura parlamentaria. Cómo se cocina el nombramiento de un gobierno es cosa complicada y requiere escrutar la personalidad de quien los nombra y los compromisos previos, máxime en gobiernos de coalición.

Sin embargo, desde el famoso cuaderno azul de Aznar hasta las llamadas de última hora de Rajoy a algunos ministrables, incluso asistiendo a sepelios, como fue el caso del nombramiento de la última ministra de Sanidad del presidente Rajoy, Dolors Montserrat, hay todo un estereotipo de modelos.

Sánchez tenía más ministrables que ministerios y tuvo que hacer de la necesidad virtud. Dividió Sanidad y Consumo, en dos ministerios, igual que hizo con Educación y Ciencia y procedió al cumplimiento de los pactos previos. Designó ministro de consumo a Garzón (PC) y observó la cuota catalana nombrando a un nombre de Miquel Iceta para el Ministerio de Sanidad, a Salvador Illa, un hombre serio y voluntarioso pero desconocedor por formación (licenciado en Filosofía y Letras) y por oficio (había sido concejal del Ayuntamiento de Barcelona) de la cosa sanitaria, y en particular de la gestión sanitaria.

Es cierto que como recordaba en una entrevista en El Mundo Rafael Matesanz (ex coordinador del Sistema Nacional de Trasplantes, uno de los mejores del mundo, tal como es internacionalmente reconocido), más que de ministros de partidos, es mejor referirse a las personas. Así reconocía la valía de Ana Pastor (PP) como ministra de Sanidad y de Alfonso Alonso (PP) y calificaba a Celia Villalobos o Ana Matos, como algunas de las peores, al igual que Bernat Soria (PSOE). El actual Illa no salía muy bien parado. Cabe apostillar que Matesanz está jubilado y tiene autoridad para decir lo que no sea políticamente correcto, aunque sea verdad.

Sin ser especialista en la materia tengo buen recuerdo de Julián García Vargas (PSOE, independiente), al que luego le hicieron la vida imposible como ministro de Defensa, y muy mal recuerdo de Sancho Rof (UCD, el ministro de la colza, el del “bichito”).

Un mal ministro, es recuperable, si tiene un buen equipo. No es el caso de Illa, que tiene un equipo mediocre en consonancia con un ministerio mediocre. El Ministerio de Sanidad del Estado tiene escaso presupuesto y menos capacidad organizativa; por no tener no tiene ni una secretaría de Estado. En tal circunstancia dejar la dirección y coordinación del Estado de alarma en materia sanitaria a tal ministro y tal ministerio, no deja de ser una temeridad, como los hechos acreditan. Es por ello que el presidente Sánchez ha decidido asumir el mando político, con criterios absolutamente políticos, asesorado se dice por un equipo de expertos, cuyo nombres se desconocen, más allá de Fernando Simón, la voz del experto del ministerio.

Lo que ha sucedido es de sobra conocido, aunque el final no esté escrito. Se ha actuado tarde, y gestionado peor y se ha confinado al país entero abocándolo a la ruina económica. Todo ello en el marco de un contexto difícil y nuevo, como está ocurriendo en medio mundo. En tales circunstancias la pregunta es qué hará el presidente Sánchez, si el país no se endereza, la UE no financia lo difícilmente financiable, y si el paro incontrolable e incontrolado, el desplome del PIB y la falta de recursos económicos, ponen la situación más que negra.

Algunos dicen (agoreros) que de aquí a fin de año la UE tomará cartas con el déficit. ¿Cuáles? Están por ver, pero da la impresión que si las cosas se ponen feas terminará, pese a su carácter resiliente, tirando la toalla como Zapatero y el que venga después que arree.

Esperar y ver.

Manuel Pulido Quecedo. Doctor en Derecho Constitucional.


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