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Opinión
OPINIÓN

Apoyo ciudadano a la empresa privada

Sería un error aplicar subidas fiscales al entorno empresarial sobre tributos existentes o plantear el establecimiento de nuevos impuestos

  • Ana Yerro
Actualizada 24/05/2020 a las 06:00

Si algo ha demostrado esta crisis, además de la fragilidad de nuestro sistema sanitario cuando se enfrenta a pandemias como la del covid-19, es la importancia del sector público. Pero seguramente, ha quedado un tanto desdibujada en estas semanas de confinamiento la de la empresa privada en la sociedad. Los hechos, aunque a muchos se les suela olvidar, son contundentes: en torno al 83% de los ocupados en España trabaja en el sector privado, según los últimos datos publicados en la Encuesta de Población Activa.

Además, es necesario subrayar el gran apoyo ofrecido por grandes compañías nacionales ante la crisis, traducido en material sanitario, ofrecimiento de sus equipos comerciales para negociar compras y hasta uso de sus propios recursos para poder asegurar la labor de los sanitarios en las mejores condiciones posibles. Ese aspecto, sobre el que determinados gobiernos han querido pasar de puntillas, daría pie a otro artículo.

Los ERTE aprobados en los últimos meses, los despidos, el previsible cierre de numerosas compañías, sobre todo las dedicadas a los sectores más azotados por la crisis, como son los de servicios, comercios, hostelería, turismo… auguran un desolador panorama social y económico. El tsunami laboral está afectando a muchísimos españoles, también navarros, que han visto reducido de manera considerable su poder adquisitivo, que no están cobrando las prestaciones a tiempo o que, en el peor de los casos, ya han perdido su empleo. Un empleo sostenido por un empresario privado. Los perceptores de una nómina pública no tienen, en cambio, esos desvelos: saben que van a mantener sus empleos y que el salario lo están percibiendo a fin de mes con normalidad.

Desde el punto de vista económico, en las actuales circunstancias el objetivo radica en conseguir reactivar la actividad con la mayor seguridad sanitaria posible para los trabajadores y los clientes y, al mismo tiempo, evitar que ningún ciudadano quede en situación de desamparo. Es obvio que aquellos negocios que tengan visos de poder salir de esta recuperarán o mantendrán su actividad, con mucho esfuerzo, eso sí. Para ello se necesita aportar liquidez a las empresas para despedir el 2020 con los menores daños posibles y plantear una paulatina recuperación económica desde 2021 en adelante.

En este contexto tan precario, sería un error aplicar subidas fiscales al entorno empresarial sobre tributos existentes o plantear el establecimiento de nuevos impuestos “a las grandes fortunas, patrimonios y beneficios empresariales”, como propone algún grupo parlamentario navarro. Con dicha recaudación, se trataría de financiar los gastos de la reconstrucción causados por el covid-19. Hay quienes piensan que los impuestos a las empresas no son lo suficientemente altos y que todavía queda margen para “exprimirlas” más.

Aunque pueda resultar popular arremeter contra el empresario, salta a la vista que está sufriendo en sus propias carnes y de manera agresiva las consecuencias de la pandemia. No hay por qué pensar en el tópico del gran empresario, sino en el 99% de las compañías navarras, que son pequeñas y medianas empresas: negocios de barrio, start ups con pocos años de vida… Una subida fiscal acarrearía, en muchos casos, su desaparición. Y no olvidemos que resulta mucho más fácil y rápido cerrar una empresa que crearla. Así que aprovechemos a las que están operativas y apoyémoslas.

Vuelvo al argumento inicial: la mayor parte de la población está empleada en el sector privado. De la catástrofe nos van a sacar las empresas mediante la recuperación, cuanto antes, de cifras de negocio previas a la crisis y, por tanto, con la necesidad de la mano de obra habitual para llevar a cabo su actividad. La ayuda de los gobiernos tendrá que ser, pues, muy importante, plasmada en sus diferentes planes de reactivación. Pero si se estrangula al sector privado subiendo impuestos a los presuntos ricos, el drama social sin precedentes está garantizado. Y si algo debe concitar el consenso social es el principio de que no podemos dejar a nadie atrás. Quien no pueda acceder a un empleo debe contar con las diferentes ayudas públicas, llámese renta garantizada, bono social o cualquier otra fórmula, para poder subsistir. Y esas prestaciones públicas ¿cómo se financian? ¿Y de dónde procede el dinero para pagar las nóminas del sector público: funcionarios, políticos, etc.? Pues de la fuente en la que se nutren los ingresos de cualquier presupuesto público: en buena medida, del pago de tributos y de cotizaciones sociales por parte de la empresa privada.

Ojalá podamos salir de crisis actual, la sanitaria y la económica, lo antes posible. Mientras, las Administraciones van a tener que reajustar sus presupuestos por la tremenda caída de recaudación que se avecina y por la necesaria reorganización de los gastos. De no hacerlo, la desviación que van a tener resultará injustificable.

En definitiva, si en esta situación no logramos que la sociedad por fin valore en su justa medida, además del trabajo de sanitarios y diversos servicios básicos, la labor de la empresa y el empresario, no sé qué podrá cambiar la percepción social del sector privado.

Ana Yerro Vela. Directora general del think tank Institución Futuro.


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