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Opinión
OPINIÓN

Ajustarse (o no) a la realidad

José María Aracama
José María Aracama
  • José María Aracama
Actualizada 14/05/2020 a las 06:00

A la crisis sanitaria que estamos viviendo se le ha sumado, de manera inmediata, una crisis económica sin precedentes. La caída del PIB es ya un hecho: en Navarra descendió un -2,8% en el primer trimestre de 2020 (ojo, con solo medio mes de covid-19) respecto al mismo periodo del año anterior y se espera que el segundo sea catastrófico. Para abril y mayo existen previsiones que abarcan desde el -6,5% al -9%.

La consejera del gremio, Elma Saiz, ya ha reconocido que las previsiones económicas empeoran día a día, que “solo estamos viendo la punta del iceberg” y que hasta 2022 no veremos recuperarse la economía a los niveles pre-crisis. La cifra que se baraja desde el propio gobierno es de caída este año del 20% de los ingresos, lo que se traduce en 818 millones de euros menos para las arcas forales. Hasta aquí, de acuerdo.

Con lo que no podemos coincidir es con que, según Saiz, el Gobierno de Navarra no tenga previsto abrir una nueva negociación presupuestaria argumentado que la buena recaudación fiscal del primer trimestre así lo permite (ésta fue de 990,4 millones de euros, un 1,9% inferior al mismo período del año anterior). Algunos grupos parlamentarios ya se han posicionado a favor de revisar los presupuestos, dado que se diseñaron y aprobaron sin tener en cuenta esta pandemia.

Si algo tenemos claro es que la recaudación fiscal se va a resentir en los próximos meses, y mucho, con esta crisis. Y mantener la previsión de gasto sabiendo ya que los ingresos se van a reducir drásticamente resulta un suicidio en toda regla. La consecuencia será un déficit anual muy por encima de lo aconsejable con un incremento de deuda que habrá que pagar a futuro.
Este incremento de deuda, con unos tipos de interés muy bajos, puede parecer asumible pero debemos pensar que nunca estarán más bajos que ahora, con lo que únicamente pueden subir. Un incremento de un punto porcentual supondría unos 40 millones de interés que hay que pagar de más en el año.

Es el momento de hablar de racionalización del gasto público, de sacarle chispas a cada euro ingresado por la Administración, de rediseñar y repensar una estructura pública que cada año asume un mayor gasto de personal que no puede reducirse cuando vienen mal dadas. Si algo nos proporciona esta desgraciada crisis del coronavirus es la oportunidad de repensar los Presupuestos Generales de Navarra desde la vertiente de los ingresos y de los gastos. Teniendo en cuenta que ahora el Gobierno va a tener que invertir, y mucho, para poder dar impulso a las empresa y a la economía.


En el corto plazo preservar y fortalecer el tejido empresarial y la sociedad se hace fundamental. Cuanto antes podamos retomar la actividad ordinaria, mucho mejor. Ayudemos a conseguirlo. Debemos empezar por solucionar el problema de liquidez principalmente en los autónomos y Pymes, sin dejar ningún colectivo fuera.

La pena es que hay poco margen, porque en estas situaciones de crisis de cisnes negros subir impuestos está más que contraindicado, más aún en Navarra que es una de las regiones con peor competitividad fiscal de toda España. Lo positivo es que el Gobierno foral cerró el 2019 con superávit, pero no el suficiente como para hacer frente a lo que ya tiene encima.

La crisis nos ha ayudado a desarrollar un modelo de relación mucho más digital, tanto en el sector público como en el privado. El teletrabajo, comercio electrónico, educación, ocio a distancia… están aquí para quedarse. Esta nueva forma de trabajar debiera hacerle ver al Gobierno que las cosas se pueden hacer de otra manera y con la ayuda de la tecnología, hacerse más rápido y mas económico. Hay que reinventarse. Aprovechémoslo.

Ya para el medio plazo, deberemos ir pensando en hacernos más competitivos, modernizando el tejido productivo para asegurar el crecimiento. Estoy pensando en intensificar y potenciar estratégicamente las actividades de I+D+i, continuar con la transición energética, replantear las políticas de empleo, promover la exportación y la Inversión de fuera de la comunidad, construyendo confianza.

El empleo y el fomento de la empleabilidad del reguero de parados que está dejando esta crisis es la clave para que, más allá del daño sanitario, la sociedad navarra pueda afrontar el futuro y esa “nueva normalidad” con optimismo, tranquilidad y cierta certidumbre. Para ello, hay que ajustar las cuentas navarras a esta nueva realidad.

José María Aracama Yoldi Presidente del think tank Institución Futuro


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