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OPINIÓN

Tu casa, mi casa

Avatar del undefinedMaite Apezteguía01/05/2020
Se me ocurren tantas cosas que decir! Supongo que todos necesitamos hablar estos días de encierro. Pero tiempo habrá de hacerlo cuando, por fin, acabe esta pesadilla. Porque va a acabar, ¡que no lo dude nadie! Y vamos a volver a nuestras vidas de antes, algo cambiadas, es verdad, pero de antes. En todo caso mejores, porque esta enfermedad nos ha hecho pensar y ahora sabemos, mejor que nunca, qué queremos y qué no deseamos en nuestras vidas.

Y de todo lo que las circunstancias nos han impuesto, me gustaría hablar de lo que mejor conozco, de tu casa y mi casa. De tu casa que hoy conoces mejor que hace un par de meses; de tu casa que ha sido el refugio de tus miedos; de tu casa que, por fin, ha sido el hogar de los tuyos; de tu casa que ha sido testigo del amor y del desamor familiar; de tu casa que ha visto tantas sonrisas y lágrimas que podría escribir libros enteros.

Hoy conoces el mapa de sus luces y sus sombras, hasta donde le entra el sol de primavera, desde cuando recibe las sombras de marzo y abril. Sabes de sus formas y límites, de sus muros que encierran, de sus rincones que cobijan. Dominas sus medidas, las largas que alejan y las cortas que acercan. Controlas sus miradas, hacia adentro y, también y sobre todo, hacia afuera.
Nunca la habías necesitado tanto y, por eso, nunca le habías pedido tanto. Ese trocito de suelo, las más de las veces pequeño, se ha convertido en el escenario de toda tu vida desde hace ya casi dos meses. Y te ha sorprendido que, aunque la quieres, porque, al fin, es tu cobijo y el de los tuyos, si pudieras hacerlo, la elegirías distinta.

Has descubierto que te hubiese gustado tener una cocina muy grande para agrupar a tus hijos alrededor del horno mientras hacías un bizcocho; o, al contrario, que hubieses preferido tener una diminuta para poder sumar sus metros a otra estancia donde jugar y hacer gimnasia. Has comprendido que, en tu casa, no quieres secretos y que, por eso, la eliges abierta y continua; o, al contrario, que te gustan los rincones para conversar, pensar y también, ¿por qué no?, llorar a solas. Has deseado tener grandes ventanas por las que mirar, asomarte a la realidad de los otros como si fuera la tuya; o, por el contrario, tener huecos pequeños para preservar tu intimidad. Pero siempre, siempre has echado de menos más aire para no ahogarte, más luz para evitar la tristeza e, incluso, más paisaje para que el ruido del viento o el agua de la lluvia te hicieran sentir más vivo.

Y es que ha tenido que llegar esta epidemia para que abramos los ojos y nos demos cuenta de que si ellas, nuestras casas, no han estado a la altura es porque nunca fuimos lo suficientemente exigentes con ellas. No entendimos que eran colaboradoras necesarias para llevar a cabo nuestros proyectos vitales, para satisfacer nuestras aspiraciones y, en definitiva, para cumplir nuestros sueños.
Así que hoy, cuando por fin todos sabemos algo más, quiero animaros a vosotros, los habitantes, a pedir, porque el que no pide no recibe. Quiero empujaros a desear, porque los deseos, si se persiguen, se cumplen. Quiero alentaros a soñar, porque los sueños, aunque no se cumplan, ayudan a vivir mejor.

Y a vosotros, mis compañeros arquitectos, técnicos, promotores y constructores, a todos aquellos que ayudáis a dar forma a estos proyectos, quiero pediros que escuchéis y que seáis las mentes y las manos que permitan a cada persona vivir según su propia elección.

Y finalmente, a vosotros políticos y trabajadores públicos, quiero pediros que lo permitáis, que lo facilitéis, que lo hagáis posible y que entendáis que no se pueden arrastrar por más tiempo normativas y planeamientos que han dejado de estar en el mundo de hoy.
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