El aplauso

Artículo de opinión de Pilar Cernuda

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Pilar Cernuda

Actualizado el 06/04/2020 a las 06:00

Se va haciendo uno a la rutina, y a la soledad, a medida que pasan los días. Debe ser más difícil para quienes tienen niños pequeños en casa que no entienden de encierros ni de la presencia permanente de unos padres que les imponen normas que limitan sus movimientos; y debe ser más difícil todavía para quienes conviven con ancianos que no disimulan su temor a ser afectados por el coronavirus. Aunque lo dramático es perder estos días a seres queridos a los que ni siquiera han podido despedir. El encierro no es lo peor, sino el goteo de noticias. Las que tocan muy de cerca, familiares y amigos contaminados, incluso fallecidos, y las que indican que se está lejos de superar esta pandemia que nos ha llegado con un gobierno con un nivel de incompetencia y de oscurantismo que desmoraliza a cualquiera. En este escenario, la cita de las 8 de la tarde no solo se ha convertido en un homenaje sino también en una especie de reencuentro. La familia sanitaria merece ese aplauso, como los miles de servidores públicos que demuestran que están al pie del cañón. Todos los que velan por nosotros para que llegue una ambulancia o, si hace falta, un bombero, un guardia civil, policía o militar para echar abajo la puerta y atendernos. Pero, junto a todos ellos, el homenaje diario, el aplauso, va para los que arriesgan más que nadie; los que alargan su trabajo mucho más allá de las 24 horas para atender a los que han salido peor parados: los médicos, enfermeras y asistentes que ponen en peligro sus propias vidas. El aplauso de las ocho de la tarde es un símbolo de la España solidaria y generosa. Suena el Resistiré, la canción símbolo de esta etapa aciaga, pero suenan también vivas sinceros a España y a la gente que ayuda a resistir. En los balcones, niños que no saben bien por qué aplauden; mayores que deben rezar para que no les alcance un virus que para ellos puede ser mortal, y vecinos que se gritan unos a otros dando números de teléfono por si alguien necesita ayuda. A los españoles, es cierto, les gusta el lado positivo de las cosas; pero cuando vienen mal dadas, no hay quien les dé lecciones de generosidad.

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