Hasta cuándo

Actualizado el 03/04/2020 a las 06:00
T RAS tres semanas desde la proclamación del estado de alarma en nuestro país, la crisis del coronavirus muestra toda su crudeza con un balance de víctimas que asciende cada hora. Más de diez mil personas han perdido la vida mientras otros miles luchan por salvar la suya, asistidos por una comunidad sanitaria que está realizando un esfuerzo ímprobo por la salud de todos.
Ante la fatalidad que se anunciaba y que hoy es una realidad creciente, el Gobierno ha tomado la decisión de aumentar las medidas de confinamiento para tratar de frenar cuanto antes el avance del virus. Decide por tanto cambiar de rumbo y no apostar por las actuales restricciones, que con solo unos días en vigor todavía no han podido realmente dar sus frutos ante una enfermedad que se desarrolla durante 14 días de media. Hasta ahora se trataba de mantener el difícil equilibrio entre la protección de la salud pública y el mantenimiento de una actividad económica mínima e indispensable para el sostenimiento de nuestro país. Hasta ahora, por cuanto las medidas anunciadas por el presidente Sánchez, eliminando toda actividad económica en nuestro país excepto la esencial para luchar contra la crisis sanitaria, lleva al país ante un escenario de incertidumbre económica como nunca habíamos tenido que enfrentarnos.
En primer lugar, antes de evaluar qué hacer para combatir una crisis como ésta, deberíamos tener claro cuál es el objetivo que buscamos, cuál es la victoria que queremos conquistar. La cuestión que tanto el Gobierno como sus expertos deberían aclarar es hasta cuándo habrán de tomarse las medidas de restricción. Es, a mi juicio, una cuestión esencial. No se trata de fijar una fecha concreta en el calendario sino de tener un objetivo claro en la batalla que se está librando, que los ciudadanos sepamos qué hito se debe de cumplir para dar por vencida la crisis y recuperar nuestra normalidad. Nos podrán decir entonces que venceremos cuando no quede un solo infectado en España, preparándonos entonces para un largo confinamiento pues algo así no ocurrirá evidentemente en quince días. O podrán decirnos también que venceremos cuando la curva epidemiológica comience a descender, lo cual tampoco es decir mucho, pues no creo que podamos salir todos a la calle si seguimos teniendo ciudadanos infectados que puedan seguir transmitiendo el virus y llevándonos de vuelta a empezar. Por tanto, ¿hasta cuándo se mantendrá esta situación excepcional, cuándo daremos por ganada la batalla? Es necesaria una respuesta clara y contundente al respecto que despeje dudas a los ciudadanos y nos prepare para lo que está por llegar, porque resulta obvio que el 9 de abril la crisis no se habrá resuelto y seguiremos en la misma situación que ahora.
Y una vez estuviera claro, entonces sí se adoptan las medidas necesarias, siempre velando por ese equilibrio entre la salud pública, prioritario para todos, y la supervivencia económica.
El Gobierno ha sucumbido ante las muchas voces (incluyendo la práctica totalidad de la oposición política) que, bajo la premisa de que la salud es lo primero y por encima de todo, exigían el cierre a cal y canto de todo un país durante el tiempo que resulte necesario. Un argumento que todos podríamos acoger en un momento determinado, especialmente cuando la tragedia asome a nuestros hogares, pero que nuestros gobernantes tendrían que haber adoptado con algo más de mesura por las catastróficas consecuencias que puede tener para todos, infectados o no.
Cerrar por completo España durante un tiempo (desde luego más de quince días) no nos coloca ante una crisis económica como la de 2008, que pese a ser tan dura permitió la continuidad de la actividad productiva, sino ante algo mucho más grave y letal como es una posible quiebra de nuestro tejido económico, a lo que nunca nos hemos enfrentado. Cerrar hasta nuevo aviso la persiana de nuestra economía liquidará miles de empresas incapaces de resistir, enviará a millones de trabajadores al paro (¿de dónde se va a sacar el dinero público necesario para pagar tal cantidad de prestaciones por desempleo?), dejará a miles de autónomos en un trágico abandono, pondrá al Estado ante una situación imposible sin ingresos suficientes para sufragar sus gastos... en definitiva y ojalá no se cumpla el presagio, estaremos no ante una crisis pasajera sino ante el inicio de una “gran depresión” que traerá miseria y desesperación a millones de personas.
Oímos en multitud de ocasiones que ésta es la guerra que a nuestra generación le ha tocado vivir; siendo esto así, esta guerra tiene dos frentes abiertos, nuestra salud y nuestra economía, que deben ser abordados con intensidad y diligencia, pues no podemos permitirnos perder en ninguno de los dos.
Arturo del Burgo es socio de ECIJA Abogados.
