En torno a la crítica

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José M. Marco

Actualizado el 03/04/2020 a las 06:00

S I hiciera como bastantes políticos y unos cuantos periodistas, dedicaría estas primeras líneas a decir que es momento de unidad y de apoyo al gobierno, que no es momento de críticas partidistas ni de instrumentalizar políticamente la crisis del coronavirus. A continuación, si hiciera como bastantes políticos y unos cuantos periodistas, haría todo lo contrario y dedicaría el resto del artículo a hacer críticas partidistas y a instrumentalizar políticamente la crisis del coronavirus.


No quiere decir esto que todas las decisiones de nuestros gobernantes hayan sido buenas y que nos tenemos que olvidar de hacer una crítica. Evidentemente unas serán buenas, otras no tanto y otras malas. Tampoco quiere decir que oposición o prensa no deban ser críticos con estas decisiones, su obligación es serlo. Pero ahora, de no ser cuestiones sumamente importantes para solucionar esta crisis, no es el momento. Dejar pasar un poco de tiempo dará lugar a una crítica más pausada, basada - frente a una crítica de urgencia más dada a aspavientos y a intenciones imposibles- en datos y en hechos. Porque, ¿tenemos ahora una base suficientemente objetiva para ser críticos con las decisiones que se han tomado?


Es verdad por ejemplo que falta material de protección en los hospitales. Pero falta ¿por el mal equipamiento habitual, porque se compró tarde o porque la demanda mundial es tan enorme que es imposible conseguirla? Qué era mejor, ¿comprar test rápidos teniendo que probar en España si funcionaban correctamente o no haberlos comprado por si no funcionaban? ¿Cómo puede “perder” la Comunidad de Madrid dos aviones de material sanitario que han costado más de 23 millones de euros?


En este momento, sobran los que a toro pasado dicen que en febrero conocían la urgencia de tomar medidas drásticas pero siguieron yendo al fútbol, viajando o de mitin. Sobran los gestores de salón, que desde el sofá de su casa, su escaño o su redacción, comprarían 5 millones de mascarillas para mañana y llegarían sin ningún problema a los hospitales. Y por supuesto, sobran los que difunden mentiras o dejan difundirlas en sus programas creando enfrentamientos en tiempos en los que más que nunca necesitamos unidad.


Esto no significa que haya que olvidar, la crisis sanitaria ha generado muchas dudas y debates que no pueden quedar sin respuesta, dudas y debates que por ahora tienen que quedar en nuestra lista de tareas pendientes.


Tareas pendientes. Además de la propia gestión de la crisis, ¿es muy inteligente recortar en investigación porque no da una rentabilidad inmediata ni económica ni políticamente? ¿Cuál es la situación de la sanidad pública tras los recortes? -camas por habitantes, UCIs por habitantes, médicos por habitantes-. ¿Cuál es la situación de la sanidad privada? -costes y capacidad de respuesta-. ¿Una generalización de la sanidad privada en una situación similar daría a todos los ciudadanos la misma atención que les da la sanidad pública? ¿Sanidad centralizada o sanidad autonómica?


¿Es positiva la deslocalización de la producción? O sea, ¿hacemos bien convirtiendo a China en el país productor mundial del que dependemos todos los demás? ¿Es correcta la normativa actual que regula las condiciones de las residencias de ancianos? ¿Su mortalidad ha sido sólo consecuencia de la pandemia o también de la escasez de medios y de la falta de atención medicalizada?


¿Y Europa? ¿Somos una comunidad o solo un mercado que deja a sus miembros más desvalidos a su suerte? ¿Diferenciaremos a los políticos preocupados por los ciudadanos de los políticos que sólo piensan en ellos o en su partido? ¿Por qué en estos momentos difíciles son muy positivas las actividades musicales, hacer ejercicio o dibujar pero en la normalidad estas materias son de segunda división? ¿No son entonces importantes?


Cuestiones abiertas ahora, aunque éste no sea su momento.

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