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OPINIÓN

La España semivaciada

El sector agrario se ha convertido en estratégico de primer orden, porque proporciona los alimentos, mantiene el medio rural y cuida del medioambiente

Avatar del undefined Antonio Purroy30/03/2020
La mayoría de las personas que habitan en la España rural no viven de la agricultura y de la ganadería. Así como en los años 50 del siglo pasado del orden del 50% de la población activa española trabajaba en el campo, hoy justamente llega al 4% (INE, 2019). Algo parecido ocurre en el resto de países avanzados.
La gran despoblación del empobrecido campo español se produjo en los años 60 del pasado siglo. Desde entonces ha habido un goteo constante de agricultores y de ganaderos que han dejado su actividad por falta de rentabilidad o de relevo generacional. Más vale que se ha producido una corriente de vuelta a los pueblos como lugar de dormitorio o de vacaciones, turismo rural… En momentos como el de la grave crisis sanitaria actual, el campo es un pulmón de salud excelente por la pureza de su aire cargado de oxígeno (función clorofílica) y, posiblemente, como dique de contención del coronavirus.
La mejora de los sistemas de producción (maquinaria e instalaciones, mejora genética, abonado, alimentación animal, sanidad vegetal y animal…) permite que cada agricultor y ganadero manejen mayor número de unidades de producción: de hectáreas y de cabezas de ganado, respectivamente. Ahora, las producciones tienen que ser mucho más elevadas para compensar la falta de incremento de los precios de los productos agrarios, por lo que a veces no se llega a cubrir los costes de producción. Aquí arrancan las protestas de los agricultores.
Existen muchas acciones que se deben poner en marcha para ayudar al medio rural. No se puede consentir la venta a pérdidas mientras que otros se enriquecen a costa de los agricultores. Esta acción es la más inmediata para lo que hay que hacer cumplir la Ley de la Cadena Alimentaria. Los consumidores tendrían que comprometerse con la compra de alimentos locales porque así se evita los gastos de transporte (kilometro cero), no se contamina el medioambiente y se ayuda a nuestros agricultores que producen alimentos controlados y saludables. Hay que denunciar los acuerdos para las importaciones de terceros países que no cumplen las altas exigencias de producción que se imponen a los agricultores de la Unión Europea (UE). No es el momento de consumir alimentos de dudosa seguridad.
Hace ya tiempo que los agricultores disfrutan de un elevado reconocimiento social, por lo que los gobiernos nacionales tienen que luchar para evitar un hachazo cercano al 15% en las ayudas comunitarias (PAC) para el periodo 2021-27.
Como cualquier otra actividad la continuidad se garantiza con la incorporación de jóvenes, por lo que hay que ayudarles, están bien preparados técnicamente, concienciados con el papel medioambiental de la actividad agraria y con ganas de seguir la senda de sus mayores. Es una falacia culpar a la agricultura y sobre todo a la ganadería como máximas responsables de la emisión de gases de efecto invernadero.
Hay que insistir en el importante papel que supone el sector agroalimentario español en la economía del país, con un valor global desde la producción a la comercialización que supera los 100.000 millones de euros anuales y soporta 2,5 millones de empleos (MAPA, 2019). Sería muy conveniente que las nuevas industrias agroalimentarias de transformación se instalaran preferentemente en el medio rural, cerca del lugar de producción y con mano de obra procedente del propio entorno, esto ayudaría a evitar la despoblación de los pueblos y sobrecargar aún más las grandes ciudades.
Hay muchas otras acciones que habría que incentivar como extender la comunicación digital por todo el medio rural, mejorar los seguros agrarios, rebajar las cargas fiscales, aplicación de IVA reducidos, abaratar la energía, etc. El sector agrario se ha convertido en estratégico de primer orden, porque proporciona los alimentos, mantiene el medio rural y cuida del medio ambiente.
En esta crisis producida por el covid-19 su papel va ser relevante, pues se va a poder comprobar la eficacia de los agricultores y ganaderos para garantizar el suministro de alimentos al conjunto de la población. Pero es que además están aportando sus equipos de fumigación -tractores, cubas, atomizadores- para desinfectar parques, calles e instalaciones de la España rural con agua y lejía. O las cooperativas vitivinícolas que están suministrando alcohol a la industria farmacéutica para la fabricación de geles hidro-alcohólicos.
Pero lo que es lamentable es que haya sectores sociales y políticos que desde la ignorancia y con fines partidistas atacan las costumbres y los sentimientos de la población rural. Prácticas como la caza, la pesca, los festejos taurinos tradicionales, montar a a caballo... son en muchas ocasiones sus principales oportunidades de ocio. Pero la gran desfachatez es cuando estos ataques llegan hasta la producción agraria, especialmente la ganadera, pues quieren eliminar la producción de carne, de leche, de huevos… -y ya de paso a los ganaderos-, en defensa de un malentendido bienestar animal. ¿Quién cuida mejor a los animales que los propios ganaderos? ¿Quién cumple las normas de bienestar animal que impone las UE? El movimiento animalista está detrás de este gran descalabro.
Se estima que la España rural se va a seguir vaciando. Habría que hacer grandes esfuerzos por parte de los políticos y de la administración para que la España semivaciada no se convierta en vaciada de verdad.

Antonio Purroy Unanua Catedrático de Producción Agraria y miembro de Sociedad Civil Navarra
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