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Opinión
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Leviatán y el coronavirus

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Iñaki Iriarte
DN
  • Iñaki Iriarte
Actualizada 22/03/2020 a las 06:00

Cada año explicar el significado del concepto de Leviatán de Thomas Hobbes (1588-1679) causa estupor entre los alumnos. El Leviatán es un ser artificial, formado por todos los individuos que, tácitamente, hemos firmado un contrato para huir del caos que supone vivir sin leyes y poder conseguir paz y seguridad. Conforme a dicho contrato, le hemos hecho entrega de toda nuestra fuerza y libertad. Al hacerlo nos hemos convertido en ciudadanos y en súbditos. El Leviatán tiene la facultad, la soberanía, de disponer de lo que sea preciso para cumplir su propósito, que no es sino la “salus”, la fortaleza, del cuerpo social. Para ello, puede prohibir libros, prohibir movimientos, ideas, creencias. Puede tomar de la hacienda de sus súbditos cuanto crea preciso. “Antes de aceptar el yugo civil nadie poseía nada con derecho propio, y todo era común para todos. Por lo tanto, dime, ¿de dónde te ha venido esta propiedad sino del Estado? ¿Y de dónde le ha venido al Estado sino del hecho de que cada uno ha transferido al Estado su derecho? Por lo tanto, también tú has concedido tu derecho al Estado. En consecuencia, tu dominio y tu propiedad serán tan grandes y durarán tanto cuanto quiera y mientras quiera el Estado”. El Leviatán puede matar y puede obligar a servir en el ejército. Puede adoptar cualquier medida que las circunstancias requieran. “No hay poder sobre la tierra que pueda comparársele”, sentenció Hobbes tomando una cita del Libro de Job. Esto no significa que siempre utilice ese el poder. Cuando no es necesario, puede dejar en manos de los súbditos decidir qué desean comer y beber, cómo vestirse, qué leer y cualquier otra libertad. Pero llegado el caso debe tener todos los resortes para ordenarles qué comer, cómo vestirse, etc. Los límites al poder del Leviatán son que sus medidas busquen el bien del cuerpo social, que todas sus leyes traten a todos por igual y que, efectivamente, garantice nuestra seguridad, entendida de un modo extenso.

La reacción de mis estudiantes a las inmensas competencias del Leviatán suele ser, como digo, de estupor. Por un lado, entienden que, como dice Hobbes, allá donde no hay leyes, no existe el bien ni el mal, no hay seguridad, cualquiera puede morir a manos de cualquiera, y esa incertidumbre impide el trabajo con lo que los bienes son escasos. Por el otro, entregarle toda nuestra fuerza y libertad les parece un precio excesivo.

Estos días no están dando una terrible lección práctica de la necesidad de un Leviatán en los tiempos de crisis. El Leviatán que hasta ayer podía dejarnos circular libremente, comprar lo que se nos antojara, atender nuestros negocios, escoger a nuestros representantes, etc., de pronto tiene el poder para impedírnoslo. No por capricho, ni para tiranizarnos, sino para preservar nuestra seguridad y la “salus publica”.

De hecho, como esta situación va a prolongarse, va a ser necesario que haga todavía más cosas. El Leviatán no puede (no podemos, nosotros, que lo hemos creado, que le hemos dado la fuerza y que lo sustentamos) asistir impasibles al hundimiento de nuestra economía. Lo que nos jugamos no es la disminución de los beneficios de algunas pocas empresas. Se trata del sustento, de la seguridad, de millones de ciudadanos que se están viendo afectados por los ERTES o por el cese de la actividad en sus negocios. ¿Cómo van a pagar las compras, los alquileres, las deudas, las hipotecas, los salarios? Si no se toman todas las medidas, para ellos, el contrato social se habrá roto. Dejarán de entregarle al Leviatán su fuerza y su libertad, porque este les ha fallado al darles la seguridad. Y es que, como escribe Hobbes, “cuando un hombre es privado de alimento o de otra cosa que le es necesaria para vivir y no puede procurar su propia conservación como no sea cometiendo un acto que va contra de la ley, como cuando en épocas de penuria, coge comida por la fuerza, o roba lo que no puede obtener por dinero o por caridad […] está excusado totalmente [de cumplir las leyes]”.

Para impedir que eso suceda, Leviatán tendrá que garantizar bien el trabajo, el crédito y el sustento a aquellos que lo están perdiendo por causa del covid-19. Ciertamente, un mercado es más eficiente cuando hay un amplio grado de libertad para producir y comerciar; pero un mercado necesita de un requisito básico: que no esté infestado por una epidemia. Como la fuerza del Leviatán somos nosotros -y no hay poder en la tierra que pueda comparársele- el Gobierno de España deberá ir tan lejos como sea preciso y durante el tiempo que sea preciso para dominar la situación. Solo así podremos recuperar las libertades y el bienestar que ahora hemos aprendido a valorar. Ánimo. Será duro, pero les quepa ninguna duda de que, si queremos, venceremos.

Iñaki Iriarte López Profesor de la EHU/UPV y parlamentario foral de Navarra Suma


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