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Opinión
OPINIÓN

Tareas pendientes

Alberto Bonilla
Alberto Bonilla
DN
  • Alberto Bonilla
Actualizada 19/03/2020 a las 06:00

Seguramente no lleves más que unos pocos días encerrado en casa. Saliendo lo justo para reencarnarte en Tom Cruise y acometer esa misión imposible de adquirir un rollo de papel de váter en el supermercado. Un consejo: tómatelo con calma, que esto va para largo. Aprovecha para disfrutar de tu familia si la tienes en el hogar, también de aquellos amigos a los que hace tiempo que no llamas y hoy son la mejor compañía en FaceTime. Lee, lee todos esos libros que llevas acumulando durante tanto tiempo porque no tienes “ni un minuto para devorarlos”. Si tienes terraza, rompe con la incómoda conversación de ascensor y echa un vermú distante con tu vecino. Empieza con esa serie que tantas veces te han recomendado y que tantas veces has dicho que no catarías hasta que acabaras la que andas viendo. Cocina cosas ricas y complejas aunque seas el peor cocinero del mundo, que ahora el tiempo de cocción no es un problema. Si lo permite la propia naturaleza de tu empleo, trabaja como si el salón fuera la mejor oficina del mundo. Medita, reza si quieres y agéndate cosas. El suelo de casa puede ser una plancha de ejercicios. La radio puede ser la mejor compañía. El armario, una distracción.
Haz todas esas cosas mundanas porque luego llegarán los deberes de verdad. Unas tareas que tendremos que afrontar de forma individual y colectiva. La primera, rendir homenaje a todos aquellos que perdimos durante esta terrible crisis global. Habrá que empezar a ponerle nombre y cara a lo que a día de hoy solo son cifras. Hay que saber que detrás de todos esos números que no dejan de crecer hay familias rotas por el dolor. Acompañémoslos y estemos a la altura como sociedad. No me cabe duda de que así lo haremos.


También pronto tendremos que empezar a dar gracias a todos aquellos que se jugaron el pellejo para fomentar nuestro aburrimiento en el hogar. A sanitarios, policías, camioneros, farmacéuticos, reponedores, cajeros, gasolineros, militares… Vamos a salir de esta porque ellos han comprometido su propia integridad, y lo que es más importante, la de los suyos. No olvidemos que, cuando todo esto acabe, habrá que añadir una acepción nueva de “amor” en el diccionario. Pero mientras tanto puedes llevar a cabo un gesto rápido y sencillo desde tu propia casa como lavarte las manos todo lo que puedas para salir a aplaudir al balcón. Y si inevitablemente tienes que bajar a la calle por una cuestión de urgencia, siguiendo a rajatabla la distancia recomendada, puedes dar gracias a todos aquellos que hoy siguen al pie del cañón.


Pero, incluso cuando esto pase, recuerda que todavía tienes tarea. La más deseada seguramente, pero también la más complicada: abrazarte a los demás, física y emocionalmente. Porque solo cuando somos débiles y nos sentimos vulnerables somos capaces de distribuir en cajones mentales lo accesorio, por un lado, y lo importante por otro. Aprende a sonreír, a pedir perdón y a dar gracias. Es posible que a lo largo de tu jornada padezcas decenas de desdichas y malos momentos, ¿qué significado tienen ahora? ¿Qué importancia real tiene comparado con compartir momentos con la gente que quieres?


Si te has enfadado con alguien, tienes dos semanas como mínimo para arreglarlo. Si has hecho daño a los de tu alrededor, tienes días para pedir perdón. Si has buscado una bronca innecesaria, cuentas con muchas horas para dialogar y solucionarlo. Si has sufrido un revés, te sobran minutos para recomponerte. No hay nada que la voluntad y el tiempo no puedan arreglar, y si algo nos sobra ahora mismo es tiempo. Inviértelo en cosas insignificantes pero también en lo realmente importante porque, si el mundo no va a volver a ser igual después de esto, tú tampoco deberías ser el mismo.


Es ahora, conforme vayan pasando los días, cuando nos daremos cuenta de que somos mucho más felices de lo que creíamos. Solo cuando nos privan de nuestro egocéntrico día a día caemos en la cuenta de todo lo que poseemos y de la suerte que tenemos por ello. Pero también es momento de ser conscientes de que podemos ser mejores personas, mejores parejas, mejores hijos, mejores padres, mejores jefes, mejores compañeros, mejores amigos, mejores ciudadanos en definitiva… Y sí, es probable que te preguntes quién es este para decirme a mí esto, pero es muy sencillo, alguien que necesita ser mucho mejor en todo lo anterior.


Es el regalo más grande que podemos hacer como sociedad a todos los que andan sufriendo este terrible drama. Si nada cambia, si no somos capaces de darnos la mano después de esta, habremos vencido al virus pero no habremos ganado esta batalla. Guarda reposo, haz caso de las autoridades y #QuédateEnCasa que mañana, como dicen unos ilustres navarros, “seguiremos erguidos, seguiremos en pie”, y tenemos mucho y buen trabajo que hacer. Ahora mismo nos sobra tiempo, que luego no nos falten las ganas.

Alberto Bonilla Parlamentario foral por Navarra Suma


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