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Opinión
OPINIÓN

Sin “las seniors” no habrá futuro en Navarra

Foto de Arancha Jiménez.
DN
  • Arancha Jiménez
Actualizada 08/03/2020 a las 06:00

Cuando empecé a trabajar, en los albores de los 90, encontrar a mujeres mayores de 45 años en los entornos laborales era algo inusual. Entonces, la fuerza femenina iba adquiriendo un mayor peso, aunque la presencia de las seniors en cargos de responsabilidad era aún testimonial.

En aquellos días, la idea de proteger a las desempleadas de más edad, como minoría vulnerable, se imponía como lógica aplastante. Hoy, tres décadas después, ha llegado el momento de cambiar esta mirada condescendiente. Porque, permitidme la analogía académica: las mujeres mayores de 45 años hemos dejado de ser una “maría” para convertirnos en asignatura troncal del mercado de trabajo español. Tenemos cada vez más peso en todos los indicadores laborales. Hoy, por primera vez en la historia, se contabilizan cerca de 65.000 mujeres mayores de 45 años trabajando en Navarra. Ocupamos también una proporción cada vez mayor entre las desempleadas y entre la población femenina activa. Y nuestra presencia tiende a equipararse a la masculina, hasta el punto de que representamos un 45% del total de trabajadores mayores de 45 años en la Comunidad Foral, porcentaje que hace una década descendía hasta el 41%.

Ya no cabe la autocomplacencia. La edad no es eximente del aprendizaje continuo o de la adquisición de competencias digitales. A la luz de estas cifras, queda patente que las mujeres seniors ya no podemos ser percibidas como minoría a proteger, sino como fuerza laboral a la que empoderar. Y el trabajo por delante es de gran magnitud. Empezando por nosotras mismas. Ya no cabe la autocomplacencia. La edad no es eximente del aprendizaje continuo o de la adquisición de competencias digitales. Si queremos que la sociedad cambie su percepción, hemos de asumir que el mercado es diferente, activar la sexta marcha y actualizar nuestros conocimientos, de forma que nuestra experiencia y valores como la madurez, templanza o control emocional, se conviertan en un valor añadido.

Hay que aplicar todas las baterías legislativas y empresariales para blindar la exclusión. Por supuesto, no toda la responsabilidad recae sobre nuestros hombros. El Estado y el tejido empresarial tienen también mucho que decir. La prioridad, en una sociedad en récord de envejecimiento, ha de ser exprimir todo el jugo al talento dominante; un talento que, por una cuestión estadística y demográfica, va a ser fundamentalmente senior. Políticas activas de empleo centradas en la formación, apoyo a la contratación de desempleadas de larga duración o nuevas fórmulas de flexibilidad laboral son solo algunas de las medidas que los poderes públicos habrán de acometer. Porque sin la contribución de la mujer senior, nuestro Estado del bienestar no tiene futuro. No puede tenerlo.

Sin embargo, no es solo una cuestión de sostenibilidad, sino también de pura justicia social. Porque la exclusión que afecta a las mujeres nos empobrece moralmente como nación. En España, un país con baja movilidad social, la exclusión se transmite de padres a hijos, de modo que heredan un estigma que puede acompañarles durante toda su vida. Si queremos considerarnos una sociedad avanzada y a la altura de las circunstancias, habremos de aplicar todas las baterías legislativas, empresariales y sociales para hacer un fuerte blindaje a la exclusión, promoviendo la movilidad y el ascenso social de más de 4 millones de mujeres en edad laboral, que hoy se encuentran en riesgo de exclusión.

Ante una masa laboral cada vez más madura, la discriminación por edad es un absoluto contrasentido. En este sentido, la actuación de las empresas será primordial. Como generadoras de empleo, tienen en sus manos la decisión de apostar por estrategias de Diversidad & Inclusión que empoderen a sus trabajadores para que no caigan en la obsolescencia. Habrán de trabajar, asimismo, los “sesgos inconscientes” y desterrar todo atisbo de discriminación, en aras de eliminar el doble peaje que hasta el momento las mujeres seniors han tenido que sufrir. Es responsabilidad pero también competitividad: ante una masa laboral cada vez más madura, y en un contexto en el que el 51% de la población es mujer, la discriminación por sexo y edad constituye un absoluto contrasentido. Seamos consecuentes. Actuemos, pues mañana podría ser demasiado tarde.

Arancha Jiménez, directora de Operaciones en Fundación Adecco


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