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Coronavirus: mantén la calma y sigue adelante

Foto de una mujer con una mascarilla, en una estación de metro en Shanghai.
Una mujer con una mascarilla, en una estación de metro en Shanghai.
REUTERS
  • Ferrán Pérez
  • Andrés Herrera
Actualizada 06/03/2020 a las 06:00

En 1939, tras el rápido avance de las tropas alemanas por las llanuras polacas, el Gobierno británico lanzó una campaña dirigida a elevar la moral de su población en caso de ocupación; uno de aquellos carteles llevaba escrito, en letras blancas sobre fondo rojo, Keep Calm and Carry On (mantén la calma y sigue adelante).

En este artículo no abordaremos la gravedad o el impacto desde la perspectiva sanitaria del fenómeno popularmente conocido como coronavirus; de esto ya se está encargando -y muy bien- las autoridades sanitarias. En este artículo trataremos de dar, de forma breve, algunas pistas sobre la relación que existen entre una enfermedad surgida allí (en China) y la grave preocupación existente aquí (en España). Por cuestiones de espacio nos centraremos en dos aspectos: el encuadre dominante en los medios de comunicación y el impacto en la economía.

Es muy posible que el lector haya observado un cambio en la línea informativa en torno al coronavirus. Y es que una cosa era hablar de un mal producido en China, sus consecuencias económicas y, por tanto, la recomendación de buscar hipotéticos mercados más seguros -por ejemplo en el Sudeste Asiático- y otra muy diferente cuando ese mal está en el espacio comunitario con la consiguiente amenaza de cierre de fronteras, pánico entre la población, etcétera. Así pues, el encuadre dominante en los medios de comunicación occidentales ha pasado de tratar el coronavirus como un asunto de sanidad global a un problema de seguridad global. En este sentido, los medios han dejado en un segundo plano la baja tasa de mortalidad del virus y han promovido interesadamente un relato que se centra en los efectos negativos del virus para la seguridad nacional de los estados-nación y la economía global. Esta alternación del marco es fundamental para entender el desarrollo de la cobertura mediática del coronavirus durante las últimas semanas. Por un lado, se ha deshumanizado y descontextualizado los efectos sanitarios del virus, mientras que se ha fomentado una visión anti-humanista y tecnocrática del mismo. Este cambio de marco ha contribuido a la “militarización” mediática - weaponisation en inglés- del coronavirus. Es decir, el relato dominante en los grandes grupos de comunicación no se ha centrado en informar racionalmente a la audiencia sobre sus efectos sanitarios sino más bien generar percepciones que se pueden convertir en un arma política para arremeter contra contrincantes políticos y bloques económicos “iliberales”. Este relato interesado del coronavirus ha tenido un efecto social muy perjudicial. Ha llevado a las sociedades occidentales a un estado de histeria colectiva -véase los casos de acaparamiento de comida en Italia-, desembocando así en graves casos de racismo contra la comunidad china en Europa y Estados Unidos.

A nadie se le escapa que la crisis sanitaria va a tener un impacto en la economía. En primer lugar en la de China. La crisis ha puesto de manifiesto -por si alguien lo dudaba- la centralidad de la República Popular en la economía global pero también la responsabilidad y capacidad de sacrificio tanto de las autoridades como, sobre todo, del pueblo chino. A pesar del desgaste sufrido por China en la guerra comercial con Estados Unidos y de que, no lo olvidemos, la República Popular es un país en desarrollo, Beijing no ha dudado en aplicar un riguroso programa de contención del virus y de darnos tiempo al resto a estar mejor preparados para cuando, como ha pasado, el virus traspasase sus fronteras.

Dicho lo anterior conviene recordar que: a) una crisis sanitaria puede surgir en cualquier parte del planeta. Ocurrió con la “enfermedad de las vacas locas” en el Reino Unido o con la gripe A, en el Sudeste Asiático; b) la actividad en China está volviendo lenta, pero paulatinamente, a la normalidad y c) las empresas navarras implantadas en China continúan con su actividad y existe un clima prudencia y confianza con respecto a la resolución de la crisis.

Con este trasfondo, es importante no frivolizar con los graves efectos sanitarios del coronavirus. La perdida humana que ha causado el virus ha destrozado familias que merecen toda nuestra empatía y apoyo. Sin embargo, para poder medir el impacto de la crisis en nuestra sociedad consideramos que es fundamental tanto entender de una manera racional el rol de los grandes grupos mediáticos como estar atentos a la evolución de la economía real. Entretanto, Keep Calm and Carry On. Quizás la mejor medida colectiva que podríamos tomar para combatir al coronavirus.

Andrés Herrera-Feligreras Doctor por la Universidad Pública de Navarra con una tesis sobre las relaciones entre España y China
Ferrán Pérez Mena Doctorando en Relaciones Internacionales en la Universidad de Sussex.


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