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Educar en creatividad

El docente ha de tener la voluntad de conducirse como un modelo, cuyas actitudes e ideas sirvan de ejemplos reales y de guías efectivas para la creación

María Luisa Sanz de Acedo

María Luisa Sanz de Acedo

Actualizada 03/10/2019 a las 18:28
  • María Luisa Sanz de Acedo
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Con el inicio del curso escolar o académico algunos docentes se plantean asumir retos formativos para dar lo mejor de su saber, experiencia y personalidad a sus estudiantes. Uno de estos retos es Educar en Creatividad, el cual es más que una cuestión de “moda”. Se trata de fomentar en todos los niveles del sistema educativo una capacidad muy necesaria para el desarrollo tecnológico y social de los pueblos. Si la empresa está interesada en la eficiencia universitaria, la familia lo está por compartir con el centro educativo modos de actuación que estimulen la inventiva de sus hijos. En esta entrega se intenta presentar unas “pinceladas de oro” que pueden ser operativas desde la Educación Infantil hasta la Universitaria.

Educar en Creatividad depende, principalmente, de la “figura del docente”. Éste ha de tener la voluntad de conducirse como un modelo, cuyas actitudes, ideas y conductas sirvan de ejemplos reales y de guías efectivas para la creación. Como tendencia general, el docente desea: a) impulsar una relación de respeto, confianza y colaboración con el alumnado b) fomentar en el aula entornos de libertad donde puedan expresarse sentimientos, formularse preguntas abiertas así como establecerse conexiones entre los distintos temas de estudio c) reforzar y premiar los logros “especiales”, originales, que alcancen los educandos, mayormente los que han exigido bastantes dosis de esfuerzo y perseverancia, pues son los que generan en ellos más ilusión y motivación para seguir explorando nuevos horizontes personales y profesionales. El docente, pues, que trabaja siguiendo estas pautas actúa como un verdadero facilitador del proceso de aprendizaje, puesto que hace del diálogo, del clima positivo y del apoyo constante los pilares básicos de su intervención.

El ser humano tiende a proceder con iniciativa cuando se encuentra ante una meta atractiva o ante una dificultad que debe superar. De ahí que los “métodos activos de enseñanza” son los más recomendados para la educación creativa, pues mediante ellos el educando adquiere más fácilmente contenidos significativos y aprende a pensar, tomar decisiones y sentirse responsable de su aprendizaje. En los primeros años de escuela son relevantes el juego, la experimentación, el descubrimiento, el dibujo, etc. Frente a una hoja en blanco, sea el caso, ¿no se encuentra el educando ante un verdadero desafío creativo? Ya en la educación media y superior los métodos que giran en torno a proyectos compartidos y resolución de problemas constituyen procedimientos imprescindibles puesto que desempeñan el papel de hilo conductor de un elenco de actividades que promueven el equilibrio entre el desarrollo lógico, creativo, afectivo y social y el dominio de las materias programáticas. Así se entiende que culmine el ciclo formativo de doctorado con la realización o participación en un proyecto relevante con grandes exigencias en investigación que conduce a la transformación, a la invención, incluso a la disrupción de determinados modos de proceder.

La manifestación de la creatividad también varía en función de las “diferentes disciplinas o materias”. El conocimiento de cada una de ellas no es estático, cambia como fruto de la innovación que se produce en su seno. Por ello, su adquisición requiere tanto de habilidades reflexivas y creativas como de actitudes positivas hacia la regulación de los aprendizajes y hacia la superación de errores. Las ciencias, la economía, la tecnología, el arte, la literatura, etc. no ofrecen barreras a la creación, sino que avanzan con y por ella. En este contexto, los educandos aprenden y desaprenden constantemente para volver a aprender y los docentes se preocupan por integrar la originalidad o la inventiva en las materias que imparten.

Se concluye señalando que el hecho de Educar en Creatividad va dejando de ser entendido como una opción de “moda” al ser considerado como la mejor aportación de la Educación a la Sociedad. Es bueno aprovechar ese jardín sin marañas que es la mente de los educandos para cultivar en ella un amplio abanico de competencias y valores. El afán del jardinero, del docente, queda compensado cuando observa que progresan seguros y atentos por la senda de la idoneidad innovadora superando obstáculos y analizando con sentido crítico y aventurero la información que reciben. En definitiva, para muchos centros Educar en Creatividad no es un sueño imposible; es una realidad comprobada en la que emerge la confianza, la responsabilidad y la apertura mental porque utilizan métodos que ponen en marcha el potencial racional y novedoso del alumnado a la vez que adquieren y combinan contenidos curriculares.

María Luisa Sanz de Acedo Lizarraga Catedrática de Universidad en Habilidades del Pensamiento y la Creatividad

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