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5G y basura electrónica

Día Mundial del Agua 2016: agua y empleo

JESÚS M. ARLABÁN

Actualizada 03/10/2019 a las 18:28
  • Jesús M Arlabán
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Como el lector fácilmente intuirá, con 5G no me refiero a una variante reducida del grupo G7 de las naciones más industrializadas del mundo, a excepción de Rusia y China, cuya reciente reunión en Biarritz tanto ha afectado a las comunicaciones por carretera de Navarra con la vecina Francia, y al negocio de las Ventas fronterizas, sino a la nueva tecnología, quinta generación, de red celular o internet móvil de próxima implantación.

Desde principios de julio pasado se viene informando ampliamente que la introducción de esta nueva tecnología de internet móvil va a obligar a reprogramar amplificadores y televisiones, ya que el Gobierno ha aprobado la liberación de la banda de frecuencias que ocupan para permitir el desarrollo del 5G, la nueva generación de telefonía móvil que utilizará este espectro, entre otros. Los receptores que no soporten HD quedarán obsoletos en 2023. Esto no es sin embargo más que un aspecto parcial de las consecuencias de la nueva tecnología.

¿Cuáles son las ventajas del 5G? Al decir de los expertos, básicamente dos: por una parte, permitirá transmitir datos con mucha más rapidez, unas 20 veces más rápido, que el más utilizado actualmente, el 4G. Por otra, el tiempo de latencia de red, lo que se tarda en moverse adelante y atrás, será también menor. Ello significa que las aplicaciones y servicios que se usen, como vídeos, juegos on line, etc., funcionarán mucho más deprisa.

También las instituciones y empresas, nos dicen, se beneficiarán de esta tecnología. Las fábricas podrán utilizarla para controlar más eficientemente sus robots. En agricultura posibilitará el uso de maquinaria “inteligente” conectada. Los fabricantes de automóviles la ven como una tecnología clave para los vehículos autónomos, que podrán comunicarse rápidamente unos con otros. Potenciará el uso de drones en diversas aplicaciones. Y así en muchos campos e innovaciones posiblemente difíciles de predecir en la actualidad.

Pero, como con frecuencia ocurre, su implantación traerá consigo importantes consecuencias negativas, de las que poco se informa. Para empezar, las ciudades y poblaciones deberán densificar en gran medida la red de reemisores o transmisores de corta distancia, para proporcionar la misma cobertura del actual 4G, con lo que ello significa, aunque no se haya demostrado científicamente la relación entre las señales de 5G y el cáncer.

Por otra parte, desde el punto de vista de la privacidad, se muestra preocupación por la mayor facilidad que va a proporcionar para controlar con precisión los movimientos de las personas, al estar sus móviles conectados a múltiples células, así como para el reconocimiento facial. Pero lo más preocupante, en mi humilde opinión, es el coste medioambiental que supondrá la enorme avalancha que va a ocasionar de aparatos electrónicos obsoletos. Es bien conocido que en nuestra sociedad la mayoría tiende a tener el mejor y más moderno dispositivo. Las compañías tecnológicas aceleran más y más el ritmo de obsolescencia de sus productos, ampliando o mejorando en algún particular aspecto, por mínimo que sea, sus prestaciones. Ello da lugar a increíbles cantidades de basura electrónica, de las que solo se recicla adecuadamente alrededor del 20%. El resto, se incinera o arroja a vertederos, con los graves perjuicios medioambientales que representan componentes como el mercurio, cadmio, plomo o berilio, amén de los impactos de la extracción y procesado de materias primas para los nuevos dispositivos electrónicos. Por dar solo algunos datos, en Estados Unidos se desechan unos 30 millones de ordenadores al año, mientras que en Europa se descartan unos 100 millones de teléfonos móviles anualmente. En términos globales, en el último año, unos 50 millones de toneladas de basura electrónica han ido a parar a vertederos, generalmente situados en países de los considerados en vías de desarrollo. Todos hemos visto imágenes de esos espantosos lugares, alrededor de los cuales conviven familias tratando de extraer de forma peligrosa residuos de algún valor.

Pues bien, con la implantación del 5G la avalancha de basura electrónica se va a convertir en un tsunami, ya que cientos de millones de dispositivos, incluso los que soportan 4G, serán incompatibles con 5G. De hecho, algunos fabricantes como Samsung y Motorola están lanzando ya móviles compatibles con 5G y se espera que Apple lo haga en breve. Parecería obligado que las grandes multinacionales productoras de estos dispositivos se hiciesen cargo de los obsoletos para su correcto reciclaje. Sin embargo, pocos son los países en el mundo que han aprobado normativa en este sentido.

A este respecto, son de plena aplicación las palabras del Papa Francisco, en su encíclica Laudato Si, sobre el cuidado de la casa común, cuando dice: “Se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año. La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”.

¿Serán los organismos internacionales, gobiernos de las naciones, multinacionales del sector, con la imprescindible colaboración de los ciudadanos, capaces de aprobar y poner en marcha medidas que resuelvan este desolador panorama?

Jesús Mª Arlabán Mateos. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Economista.

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