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Leret, Rada y Ruiz de Alda

Charles Lindbergh, frente al Spirit of St. Louis, con el que cruzó el Atlántico.

Charles Lindbergh, frente al Spirit of St. Louis, con el que cruzó el Atlántico.

17/06/2019 a las 20:20
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El lunes pasado, el Gobierno de Navarra anunciaba en una nota que había incorporado al Sitna (esa base de datos territorial compuesta, por un lado, de fotografías aéreas y de satélite, y, por otro, de referencias geográficas como el catastro, los municipios, o los centros de salud) unas imágenes casi centenarias. Son las que tomó el aviador Julio Ruiz de Alda entre 1927 y 1934 para su empresa, la Compañía Española de Vuelos Fotogramétricos Aéreos y que cubren tres cuartas partes de la Comunidad foral. La nota del Gobierno recordaba que Ruiz de Alda era uno de los protagonistas de la hazaña del Plus Ultra, el hidroavión que cruzó el Atlántico en 1926, en unos de esos raids que llevaban al límite la aviación de la época.

Era la única nota biográfica sobre el aviador. Es más, en la información solo estaba la fecha de nacimiento (Estella, 1897), pero no la de su muerte (Madrid, 1936). Ni aparecían algunos detalles significativos de su vida, como que fue uno de los miembros fundadores de la Falange de José Antonio Primo de Rivera; ni de su muerte, como que fue asesinado en la matanza de la Cárcel Modelo de Madrid el 22 de agosto de 1963, donde estaba detenido desde abril de ese año, tres meses antes de que comenzase la Guerra Civil.

La ausencia parece significativa. Es más, parece que no decirlo es una forma de justificar que se utilicen esas fotografías de Ruiz de Alda, cuya obra, tocada por el pecado original de que fuera un destacado ultraderechista, estaría condenada a la misma damnatio memoriae que la vida de su autor (aunque, recordarán muchos pamploneses, tuvo dedicadas durante muchos años las instalaciones que hoy conocemos como Larrabide).

No es el único que parece condenado a un olvido culpable. Lo sufrió antes, y durante setenta años, otro aviador navarro. Un mes antes de la muerte de Ruiz de Alda fue asesinado Virgilio Leret (1902-1936), que a su condición de piloto sumaba la de ingeniero. Leret fue fusilado en las primeras horas del 18 de julio por los sublevados, a los que se había enfrentado para impedirles el acceso a una base aérea de Melilla. En su biografía no figura un gran vuelo, sino algo igual de importante: un diseño de un motor a reacción, que patentó en 1935. No sabemos hasta dónde hubiese podido llevar ese diseño a la aviación Española.

El tercer protagonista de estas líneas es Pablo Rada Ustárroz, de cuyo fallecimiento se acaban de cumplir, como quien dice, 50 años. Rada, nacido en Caparroso, no tenía 25 años cuando se embarcó en el Plus Ultra. Mi abuela me cantaba una canción de los años veinte dedicada al vuelo del hidroavión entre Palos y Buenos Aires, dos de cuyos versos decían que “al compás de los motores/ Rada la jota cantaba”. Apagó con su ropa un incendio en pleno vuelo. Militante izquierdista, se exilió tras la Guerra Civil y solo volvió a España, en febrero de 1969, para morir pocos meses después en Madrid, en el sanatorio de la Marina.

Tres vidas que son casi un símbolo de la tragedia de España en el siglo XX: asesinados dos de ellos en los primeros días de la Guerra Civil, exiliado el tercero. Leret, Rada y Ruiz de Alda. Podría ser un buen nombre para el aeropuerto de Pamplona (el orden es indiferente, pero así es como mejor suenan), como homenaje a los tres pilares de los primeros años de la aviación, a veces en condiciones heroicas: ingenieros, mecánicos y pilotos. Y como recordatorio de que todos somos complejos y no estamos marcados únicamente por nuestras posiciones políticas.

CHARLES LINDBERGH

En 1927, con solo 25 años, Charles Augustus Lindbergh fue el primero en cruzar el Atlántico norte sin escalas, en un vuelo de continente a continente. A bordo del Spirit of St. Louis, voló de Nueva York a París en algo más de 33 horas. Se convirtió en uno de los hombres más famosos del mundo. En 1932, el secuestro y asesinato de su hijo de veinte meses, conmocionó Estados Unidos. Conforme se acercaba la Segunda Guerra Mundial, Lindbergh se apuntó a la corriente del aislacionismo, y, estallado el conflicto, rechazó que se ayudase al Reino Unido. Se le considera un simpatizante nazi, y Philip Roth le convirtió en uno de los protagonistas de La conjura contra América, en la que le convierte en presidente.

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