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Economía feminista (I)

Solo una mujer ha recibido el Premio Nobel de Economía, y eso en 2009 cuando el movimiento feminista ha tomado visibilidad

08/05/2019 a las 06:00
  • Jorge Nieto
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Hay un sesgo androcéntrico que impregna toda la estructura teórica del análisis económico pero que se hace especialmente visible en la herencia de la escuela neoclásica. La corriente de pensamiento de la Economía Feminista (Marianne Ferber, Julie Nelson, Paula England, Nancy Folbre, Dreirdre McCloskey, por ejemplo) sostiene que: 1) ese sesgo se remonta al nacimiento de la economía y se mantiene históricamente hasta el presente porque los hombres han dominado la comunidad académica, y 2) que la cuestión del género ha afectado a la construcción misma de la disciplina en términos de la percepción del mundo y de la relevancia de las cuestiones objeto de análisis. Así, ciertas actividades y experiencias que son de gran importancia histórica para las mujeres se han visto apartadas de la investigación.

Respecto al primero de esos argumentos, la primera mujer en la Historia de la Economía es Harriet Taylor, a mediados del siglo XIX. Y es una figura deliberadamente devaluada que ni siquiera aparece en todos los libros de texto. Su nombre está asociado a quien fue su compañero y segundo esposo, John Stuart Mill, que sí tiene su propia capilla en la basílica de los economistas clásicos. No importa que Mill atribuyera a Taylor la coautoría de su producción científica. “Cosas del amor” diría el sardónico Thomas Carlyle que se burlaba de la relación platónica que Mill y Taylor proclamaron (¡durante 20 años!) mientras vivió el primer marido de Harriet, John Taylor. El segundo nombre de mujer no aparece hasta mediados del siglo XX. Joan Robinson contribuyó decisivamente a la redacción de la Teoría Generaly fue el alma de Cambridge en la primera época post-keynesiana. Su libro Economics of Imperfect Competition estableció el modelo de competencia monopolística que es la mejor descripción del funcionamiento de los mercados reales en la historia de la economía. Y su insistencia en la deficiente definición de la función de producción neoclásica y en los problemas de medición del capital dio lugar a un importante debate entre los dos Cambridge a uno y otro lado del océano. Joan Robinson no recibió el Nobel de Economía. Hay quien dice que por sus posiciones ideológicas que fueron escorándose hacia la izquierda hasta la defensa del maoísmo. Este hecho ya sería escandaloso por sí, pero muchos pensamos que no es ajena a esta injusticia su condición de mujer, aunque no podamos probarlo. Pero volvamos al presente. En el Who’s Who in Economicsde Mark Blaug, solo 31 entradas de entre 1.000 son mujeres. Solo una mujer ha recibido el Premio Nobel de Economía, y eso en 2009 cuando el movimiento feminista ha tomado visibilidad. De los economistas que recibieron la medalla John Bates Clarke hasta 2007 ninguno es una mujer. En cambio, de 2007 a 2017, cuando el feminismo adquiere relevancia social, tres mujeres han recibido esta medalla. En España, solo el 17% de los catedráticos de economía son mujeres y la cifra es similar en el Reino Unido por ejemplo… Estos son algunos datos significativos, pero la lista es inacabable.

Respecto al segundo argumento, si prestamos atención a las áreas de conocimiento relevantes en economía, encontraremos que la corriente de pensamiento ortodoxo ha prestado muy poca atención a la producción de valor tradicionalmente en manos de mujeres. Por ejemplo, el trabajo en el hogar, que no computa en el PIB. Es bien conocida la cínica paradoja expresada en la frase: “Si un hombre se casa con su sirvienta, el PIB del país disminuye”. Nancy Folbre, una de las más importantes economistas feministas ha dedicado la mayor parte de su obra a la Economía de los Cuidados, una actividad que incluye la atención y enseñanza de los niños y el cuidado de los enfermos y los mayores. Una industria de altísimo valor social desempeñada por mujeres en una incontestable mayoría. Folbre sugiere que este trabajo requiere de un análisis especial porque envuelve relaciones de afecto y empatía que la función de producción de la microeconomía convencional no toma en consideración.

Pero incluso la definición misma de economía adquiere ese sesgo androcéntrico del que hablamos. Es sabido que de manera creciente la economía se define no tanto como materia cuanto como forma de ver el mundo. La etiqueta “economic approach” se usa para describir un problema en términos de elección racional y maximización de bienestar o de beneficio. Y la Teoría Económica se identifica con (una parte de) la teoría de la Elección Racional o Teoría de la Decisión. El título de mi propio libro de introducción, “Decisiones y Mercados”, es un ejemplo de esta identificación. Las economistas feministas sostienen que este enfoque es esencialmente masculino. “La naturaleza, la infancia, las conexiones humanas quedan apartadas del interés… El énfasis de Lionel Robinson en la escasez de medios sugiere una naturaleza hostil y tal vez una concepción del hombre como dominador de esa naturaleza que, aunque sometida y pasiva, todavía es capaz de asustarse” (Julia Nelson).

Más importante aun que la definición de su naturaleza y objeto, la construcción misma de la teoría económica y los supuestos fundamentales en los que se basa, se presentan con un carácter netamente masculino de modo que la mirada femenina a los problemas económicos queda deliberadamente excluida. Este es un asunto crucial, aunque tendrá que esperar a un segundo artículo. Pero no se preocupen. Si son buenas personas y prestan atención, les prometo que no tardará.

Jorge Nieto Vázquez, catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la UPNA

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