Los pobres herederos

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User Admin

Actualizado el 17/10/2018 a las 06:00

El cerco al Estado aún no puede alardear de que no le quedan almenas que puede decir que son suyas. Derribar siempre ha sido más difícil de construir, aunque las nuevas edificaciones se hagan con materiales de derribo. Nuestra paremiología es tan sabia que siempre cuenta con un refrán que afirma que una cosa y otro que diga todo lo contrario. Que los dos lleven razón depende no sólo de quién los diga, sino de en qué momento lo haga. Lo único que parece que es cierto es que “no hay herencia sin desavenencia”. El socialismo democrático no ha fallecido, pero está convaleciendo de su larga enfermedad. Y lo que más necesita es reposo, sin que nadie le perturbe ni siquiera con las visitas más sinceras y afectuosas, que son las que más lata le dan a todos los convalecientes.

Algunos socios del Gobierno están demostrando que con amigos como ellos son innecesarios los enemigos. Quienes llevan la cuenta aseguran que nunca han sido tan numerosos los enemigos del sistema, de la Corona y del modelo de nación. Lo comprobable es que sube la fiscalidad porque la parte más sensible de nuestro organismo sigue siendo el bolsillo. Los pobres herederos no podemos renunciar a la herencia porque sería un desaire especialmente inoportuno en estos momentos que son los más duraderos de la última etapa, que por cierto no es la postrera, porque la seguirán otras. Lo que nos están contando es el cuento de nunca acabar y lo que está en juego es el modelo de nación, que no acaba de encajar en lo que llaman “el modelo europeo” porque nos movemos mucho y así es muy difícil pintarnos. Siempre salimos movidos, a pesar de quedarnos quietos. Viéndolas venir y viéndolas irse una vez y otra.

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