Un cambio beneficioso para todos

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Alberto Arriazu

Actualizado el 08/06/2018 a las 15:14

En temas de educación todo el mundo tiene opinión y opina. Todos hemos estado o estamos en un centro educativo o tenemos a sus nuestros hijos en uno de ellos. Constantemente se escucha: “En mis tiempos esto era así o de otra manera. Era mucho mejor lo de antes….” Y todos creemos tener criterio para opinar. Todos somos seleccionadores de fútbol o todos sabríamos arreglar la sanidad. Pero realmente confiamos más si la organización recae en manos profesionales.


La educación está en el candelero cuando se necesita para el enfrentamiento político. Y dudamos del verdadero interés, sobre todo de quienes legislan. Basta con ver el resultado del intento de pacto educativo. Ya nadie habla de esa posibilidad. El servicio educativo se ofrece en los centros y la mejora de la Educación debería darse mejorando los colegios e institutos. Es decir, mejorando las direcciones de los centros, la capacitación del profesorado y su estabilidad, impulsado sus proyectos, mejorando las infraestructuras y posibilitando un funcionamiento autónomo centrado en los aprendizajes del alumnado.


Desde los centros de secundaria pensamos en estos aprendizajes del alumnado cuando solicitamos al Departamento de Educación del Gobierno de Navarra el cambio de fechas de los exámenes extraordinarios y su adelanto de septiembre a junio. Desde 2010, con la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior (el conocido como ‘Plan Bolonia’) en las universidades, cambiaron las fechas de los exámenes extraordinarios de septiembre a junio en 2º de Bachillerato (18 años). Posteriormente, la Formación Profesional se sumó a esta medida. En Educación Primaria (6-12 años) no hay exámenes en septiembre. Así que, solo el alumnado de entre 12 y 17 años que cursa enseñanzas no profesionales (es decir, los cuatro cursos de la ESO y 1º de Bachillerato) estaba sujeto a este calendario.


El alumnado demuestra su nivel de competencias durante el curso y en las pruebas ordinarias. Pensemos en un chico o una chica de 12 años con materias suspendidas para septiembre. En muchos casos ni se presentaba a los exámenes o en verano no era capaz de aprender lo suficiente para aprobarlos. Este alumnado necesita seguimiento y apoyo. Lo que actualmente se lo ofrecemos en los centros educativos durante el curso y en estos días de recuperación de junio.


Algunas de las razones por las que ADI (Asociación de Directores de Instituto) solicitó el cambio de septiembre a junio, como ya hacían otras autonomías, fueron:


•Facilita la recuperación del alumnado, al ser atendido entre la convocatoria ordinaria y extraordinaria por el mismo profesorado que les ha impartido clases durante el curso escolar.

•Permite la aplicación de la evaluación continua de forma efectiva, real y práctica y garantiza que el equipo docente al completo tome las decisiones de promoción (paso de curso) y titulación.

•Aumenta el porcentaje de alumnado que se presenta a la prueba extraordinaria en junio respecto a la que se presentaba en septiembre.


Y como apoyo a esta petición se mencionaban los resultados académicos positivos obtenidos en 2º de Bachiller en los últimos años. Estos datos se confirmaron en 2017 en el resto de los cursos.


Algunas de las críticas que se han vertido sobre este cambio decían que solo beneficiaba a los equipos directivos, porque así podían organizar mejor el curso o, incluso se decía, que el profesorado dispondría de más vacaciones. Esto último es falso. El calendario y horario del profesorado es exactamente el mismo. Respecto a la organización, es cierto que permite una mejor organización de los comienzos de curso pero: ¿A quién beneficia que un centro esté bien organizado y con todo el profesorado a tiempo? Evidentemente, al alumnado y también al profesorado y a la dirección del centro.


En los centros estamos aprendiendo a organizar mejor estos finales de curso. Son siete días en los que en los centros está el alumnado con el curso aprobado y el alumnado con materias suspendidas.


En nuestro instituto, el alumnado con materias suspensas tiene un calendario de clases y de aulas de estudio en los que dispone de 42 horas con atención directa de su profesorado para poder recuperar lo no conseguido en el curso. Esta atención antes no se producía. Para el resto de alumnos hemos preparado una batería de actividades educativas orientadas a reforzar la enseñanza en valores del centro (deporte, películas, conciertos...) El alumnado con todo aprobado tiene la recompensa de poder disfrutar durante siete días de otro tipo de actividades en el centro junto con sus compañeros y profesores.


Esperemos que al final este cambio sea beneficioso para todos.

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