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OPINIÓN

Vergüenza en Alsasua

Avatar del undefinedIñaki Iriarte20/04/2018
En marzo de 2008, unos desconocidos provocaron un incendio en la sede del PCE en Alcalá de Henares. La principal organización en Izquierda Unida calificó el ataque como “terrorismo”. Hoy, en cambio, IU considera “desproporcionado” considerar “terrorismo” la brutal paliza a unas personas en Alsasua... ¿Denota esta opinión que a su modo de ver el respeto a sus propiedades inmuebles se sitúa por encima del respeto a las personas? Es difícil concluir nada a la luz de la reacción de las Juventudes del PCE cuando, el 30 de noviembre de 2014, un hincha del deportivo de la Coruña murió como consecuencia de la agresión física de un grupo de ultras del Frente Atlético. “No son reyertas ultras, es terrorismo”, sentenciaron entonces. No se lo van a creer, pero cuando en 2017 un extremista de izquierda mató a golpes a un hombre (¡oh, un fascista!) por llevar unos tirantes con la bandera de España… no usaron ese término. Al parecer, lo decisivo para que un ataque contra bienes o personas sea considerado terrorismo reside en la ideología de los damnificados. Si son de mi cuerda, no hay duda de que se trata de terrorismo. Si no lo son, será un “barbaridad” calificarlo de tal.

Sospecho que no son los únicos en actuar así. ¿Qué términos emplearon el PNV, sus periódicos, sus juventudes, cuando el 15 de junio de 1997 un ertzaina resultó herido grave al ser golpeado salvajemente por nueve valerosos encapuchados, a la salida de un bar en Hernani? ¿”Riña tabernaria”…? ¿No…? ¿Y a qué pudo deberse que no lo hicieran ni que, cuando los agresores fueron detenidos, se manifestaran con quienes exigieron su puesta en libertad? ¿Acaso al color del uniforme de la víctima?

En varias ocasiones he señalado que no es nada fácil precisar qué es el terrorismo. En la medida que se trata de un concepto, es lógico que existan definiciones diversas acerca de su contenido. En el caso de grupos organizados como ETA o el IRA la tipificación de sus actividades como terroristas resulta clara, pero, ¿qué sucede en el caso de los “lobos solitarios”, como el ultraderechista autor de la matanza de Utoya, o en el de grupos no organizados, como las manadas de rapados neonazis? ¿No debería, por lo menos, evaluarse la posibilidad de que sus ataques formen parte de una estrategia para crear terror entre unos colectivos? En ese sentido, ¿debería descartarse que merezcan el calificativo de “terroristas”?

Precisamente, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó en 1994 una resolución en donde señalaba que el terrorismo incluía “actos criminales tendentes a provocar un estado de terror en la población en general, un grupo de personas o unas personas en particular por motivos políticos”. Diez años después el Consejo de Seguridad de la ONU declaraba como terroristas “los actos criminales, inclusive contra civiles, cometidos con la intención de causar la muerte o lesiones corporales graves o de tomar rehenes con el propósito de provocar un estado de terror en la población en general, en un grupo de personas o en determinada persona, intimidar a una población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar un acto, o a abstenerse de realizarlo”. Como ven, en ambas definiciones no se exigía que tales actos fuesen llevados a cabo por grupos organizados, por medio de armas de fuego, ni de explosivos. No sé si a Amnistía Internacional esto le parecerá un disparate.

Por mi parte, y como no soy jurista, nunca me atrevería a dar mi opinión sobre el carácter terrorista de los sucesos de Alsasua. Pero, en cambio, me parece bastante obvio que no se trató, como he leído afirmar a un lector en el foro digital de este Diario de Navarra, de una pelea que sólo tuvo como resultado una “torcedura de tobillo”.

Los hechos ocurridos el 15 de octubre de 2016 difícilmente pueden aislarse de la campaña de acoso contra la Guardia Civil realizada por la plataforma Ospa Mugimendua en el País Vasco y Navarra. Esa noche dos guardias civiles fuera de servicio y sus parejas estaban cenando en un bar, cuando empezaron a ser acosados, primero, y agredidos, después, por personas vinculadas al mundo abertzale. “Iros de aquí que os vamos a matar por ser guardias civiles” les gritó -de acuerdo al escrito de acusación- uno de los encausados. Poco después estalló una tempestad de golpes y patadas contra los guardias. “Esto os pasa por venir aquí”. “Tenéis lo que os merecéis”. “Hijos de puta, pikoletos, os tenemos que matar por ser guardias civiles, cabrones, txakurras”. Fuera del bar, continuó el linchamiento por parte de 20 o 25 personas, con golpes dirigidos sobre todo a las cabezas de los agentes. Una de las mujeres se tumbó encima de su pareja, tratando de protegerla. Sólo le sirvió para ser también brutalmente agredida. “Cabrones, tenías que estar muertos, dale más fuerte al puto perro guardia”.

¿De verdad creen en Geroa Bai-PNV, IU y Podemos que esto tiene las pintas de una pelea de bar? Si ellos sufrieran agresiones similares, ¿de verdad les parecería un incidente menor? ¿No creen que ese grado de odio muestra que la cultura del fanatismo que nutrió el terrorismo sigue viva? ¿A nadie le preocupa que varios de los agresores no hayan sido identificados? ¿Le resulta proporcional que queden impunes? Si supieran que la próxima vez puede tocarles a ustedes, ¿se sentirían seguros en Alsasua?

No me sorprende en absoluto que la izquierda abertzale pida la libertad de los acusados. También la pedía para los que habían colocado coches-bomba. Pero sí que el Gobierno de Navarra tome parte en una causa penal abierta y decida cuándo la pena solicitada por la Fiscalía y los representantes legales de las víctimas resulta excesiva, leve o ajustada. No tiene derecho a hacerlo. Nadie le ha facultado para ello. El que se manifieste a favor de unos presuntos culpables… mientras se olvida de los agredidos y del colectivo al que pertenecen, debería llenarle de vergüenza. Tómese mínimamente en serio la división de poderes y dé amparo a los derechos de todos sus ciudadanos. El derecho a defenderse cuando son acusados, pero también el derecho a acusar cuando son atacados. Sin entrometerse y dejando trabajar a la Justicia.

Iñaki Iriarte López es profesor de la EHU/UPV y parlamentario foral de UPN
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