Economía y solidaridad

Actualizado el 18/04/2018 a las 23:48
Debemos partir que estamos en un país capitalista liberal, que hemos elegido esta forma de vida, que hemos por lo tanto rechazado cualquier otra opción y especialmente el control de producción por el estado, que además la propiedad privada es uno de nuestros pilares básicos y no estamos pensando renunciar a ello.
También y como punto de partida debemos admitir que la economía es como me enseñaron en la facultad “la ciencia que estudia la distribución de los recursos limitados para satisfacer las ilimitadas necesidades humanas”, otros la definen como la administración de la gran casa que es la sociedad.
Todo estos prolegómenos vienen a sentar una base que parece se ha olvidado en los foros promovidos por los políticos de todo color y condición, especialmente cuando están en la oposición y tienen miedo de perder su pesebre.
Aunque algunos les pese, vivimos también en una cultura occidental, con una fuerte carga moral que nos empuja a preocuparnos de aquellos que sufren necesidades y dificultades en éste y otros países, por ello se han puesto en marcha organizaciones sin ánimo de lucro tanto profanas como religiosas e incluso se promueve por parte del estado el apoyo económico mediante deducciones interesantes sobre donativos efectuados.
De ello podríamos deducir que la solidaridad, aunque necesaria, no forma parte de nuestro sistema económico si bien en algunos impuestos como el de la renta o patrimonio se establece una mayor carga fiscal los contribuyentes con mayor poder adquisitivo.
Tampoco podemos obviar donde se genera la riqueza que va a dar lugar a la recaudación de impuestos, las dos fuentes de ingreso para hacienda (que es quien recauda y entrega para su reparto) son el impuesto sobre el valor añadido sobre el consumo y los impuestos directos y otros en menor medida.
Si analizamos la fuente de ingresos nos damos cuenta que el consumo y la generación de riqueza son quienes alimentan el gran saco que son los presupuestos del estado como vehículo de reparto de nuestros impuestos.
Pues bien parece que los tertulianos en las redes sociales, televisión o prensa olvidan que la administración de nuestros impuestos no se puede mezclar con nuestra buena conciencia, especialmente cuando ésta nos lleva a tomar decisiones que a la larga afectará gravemente al origen de la generación de la riqueza y las consecuencias de una mala planificación distributiva puede derivar en una futura pobreza general, la imagen de Grecia aún está en nuestras retinas y los planteamientos populistas, sin duda, han agravado su situación social y política.
Hay una corriente en la política española, “el buenismo”, muchos nuevos pensadores creen haber encontrado la llave que soluciona todos los conflictos, entregar más dinero a quien lo solicite, de esta forma se apagan conciencias mediante el reparto de los bienes de los demás, generados con los impuestos de todos para cubrir las necesidades. Se reclama por ejemplo como derecho natural el de la vivienda, exigiendo que un propietario de su propia vivienda no pueda desahuciar a su inquilino cuando no le pague la renta pactada, independientemente si esa renta puede ser necesaria o no para el dueño de la vivienda.
Los mismos que mantienen semejante disparate promueven la entrada indiscriminada de los emigrantes a nuestro país sin pararse a pensar que el estado tiene que detraer, para hacer frente a esta nueva necesidad los fondos de otros destinos (educación, sanidad, seguridad, inversión en carreteras etc). Como no es posible la cuadratura del círculo la solución viene por el déficit público que en este momento es prácticamente gratis puesto que los intereses están rondando el cero si no negativos, pero es muy posible que lo que hoy pedimos mañana no podamos devolver y, con seguridad ese dinero vendrá de los impuestos de todos, trabajadores, empresarios, funcionarios jubilados, si algo sé de finanzas es que los préstamos siempre se pagan y la banca nunca pierde.
Pidamos a nuestros dirigentes que tengan sensatez y piensen que tenemos que repartir la tarta entre muchos y que si queremos solidaridad empecemos a hacerla con nuestro propio dinero, destinando, como hacían los judíos el diezmo para los demás.
Fermín Torrens Alzu es asesor de empresas y economista