Ser padres, un acto de optimismo
En las futuras discusiones sobre la caída de la natalidad en algunos países habrá que sumar a factores como la difícil conciliación entre vida laboral y familiar, la inestabilidad laboral o los sueldos, las posibles consecuencias del cambio climático.

Actualizado el 05/04/2018 a las 16:36
El cambio climático puede afectar a la reproducción humana. ¿Cómo? Según mantiene la red conceivable future, haciendo que algunas mujeres se planteen seriamente no tener hijos, pues entienden que, tal y como están las cosas, traer niños al mundo es una mala idea. El cambio climático, como pone de manifiesto este movimiento, no solo puede cambiar la faz de la tierra, sino también el futuro de la humanidad. Si la concienciación llega a tales límites, sin duda la humanidad tiene los días contados.
Meghan Kallman y Josephine Ferorelli, fundadoras de Conceivable Future, señalan que en las reuniones que organizan predomina sobre todo el dolor, un dolor cargado de pesimismo. Por lo que parece, en las futuras discusiones sobre la caída de la natalidad en algunos países habrá que sumar a factores como la difícil conciliación entre vida laboral y familiar, la inestabilidad laboral o los sueldos, las posibles consecuencias del cambio climático, las cuales, como se ha visto, comienzan a influir ya a la hora de decidirse a traer un niño al mundo.
Esta teoría no ha sido avalada por ningún estudio, digamos, serio; no obstante, comienza a circular por algunos ambientes. Un reportaje publicado en The New York Times ofrece testimonios de hombres y mujeres que piensan que, dadas las previsiones de futuro debido al cambio climático, no es sensato traer más hijos al mundo. Los argumentos principales para plantearse no ser padres son fundamentalmente la responsabilidad y el miedo. Hay quienes opinan que ahora mismo tener un hijo sería una gran irresponsabilidad “ya que hay demasiados seres humanos y los recursos naturales no son suficientes”. Otros, sin embargo, temen un futuro de penurias en el caso de que se confirmasen los peores pronósticos.
“No quiero dar a luz a un niño preguntándome si va a vivir en una especie de distopía de Mad Max”, afirma Allison Guy, de 32 años. Otra de las entrevistadas, la egipcia Maram Kaff, opina que, aun sabiendo que los humanos están programados para la procreación, “mi instinto ahora es proteger a mis hijos de los horrores del futuro al no traerlos al mundo”, como si el cambio climático hubiera de cambiar de sentido el instinto maternal.
En estas argumentaciones se cae fácilmente en la falacia del exceso de responsabilidad, como si uno fuera responsable de todo, incluso de aquello de lo que él no puede responder, algo que produce, como resulta evidente, miedo al futuro y pesimismo.
Pero no se puede tener hijos si nos invade el miedo al futuro y el pesimismo, pues ser padres es un acto de optimismo. El poeta Gabriel Celaya decía que la poesía es un arma cargada de futuro. Nosotros creemos que se puede sustituir la palabra poesía por la palabra optimismo. El optimismo es un arma cargada de futuro. En la recámara no guarda ilusiones, sueños, quimeras, sino proyectos, que se parecen a los proyectiles, pero que no hacen daño, sino que iluminan el porvenir.
Pero ser optimistas no significa ser ilusos, al contrario, debemos ser muy realistas y conocer lo que tenemos entre manos. No nos engañemos pensando que la botella está llena, si no lo está. Porque si la vemos así, nunca haremos nada por llenarla. El cambio climático nos amenaza, es verdad, y es una evidencia que queda mucho por hacer, que debemos concienciarnos y concienciar a nuestros hijos para que respeten el medioambiente.
El miedo nos hace echar la vista atrás; la tranquilidad, cerrar los ojos; el optimismo, mirar juntos hacia delante. Los hijos nos obligan continuamente a tener la mirada en el horizonte, en el porvenir. Para ellos todo está por venir; por eso, no se nos está permitido ser pesimistas, no podemos mirar al pasado, sino que debemos tensar nuestra vida hacia la suya, porque ser padres es ya no ser para nosotros.
Más que preocuparnos por qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos, preocupémonos, como se suele decir, por qué hijos vamos a dejar a nuestro mundo. Posiblemente así cambiemos el signo del cambio climático. Eso sí está en nuestras manos.