Amaia es como en la tele

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Íñigo Sota

Actualizado el 23/03/2018 a las 12:41

Amaia en vivo es igual que en la tele. Es lo primero que uno piensa cuando mira a los ojos a la ganadora de OT2017. Durante la primera entrevista que concedió este viernes a Diario de Navarra, algunos pudimos comprobar que todo ese mundo de luz y de color que rodea a la pamplonesa es tan real como aquel otro que la envolvía antes de ser famosa, y que no difería en nada del de cualquier joven estudiante de a pie. “Mi vida era normal. Por la mañana iba al colegio y después pasaba las tardes en el conservatorio”, dijo.

Antes de que empezara la entrevista, ya había pedido perdón dos veces por su catarro. Es extremadamente educada. Como se suele decir, deberían poner una foto suya junto a la entrada de ‘educación’ en los diccionarios. Amaia es una joven que mantiene la mirada, que solo la retira cuando necesita una referencia externa para pensar qué va a decir a continuación o cuál es la mejor manera de decirlo. Y lo enfatiza con una gracia desconocida. Pero necesita saber a quién se dirige y pregunta si no ha entendido bien. Ya no se ve en ella a la niña que entró al concurso de TVE, y en el mejor sentido. Ahora responde con la misma naturalidad pero despacio y con calma, dándose tiempo para decir exactamente lo que quiere decir. Resulta mágico comprobar cómo en las distancias cortas una persona puede transmitir todavía más, si cabe. Y Amaia lo hace porque tiene carisma, eso de lo que pocos pueden presumir y que provocaba un colapso este viernes por la mañana en plena calle mayor de Pamplona.

La espontaneidad es otro de los fuertes de Amaia que uno confirma desde la primera respuesta. ¿Recuerdan el secretismo con el que Chenoa y David Bisbal llevaron su relación allá por el año 2002? Nada de eso hay en Amaia Romero, que no tiene ningún problema en recordar que el programa de TVE le ha brindado no solo un premio económico y una carrera discográfica sino también la posibilidad de conocer a Alfred, su actual pareja: “Cuando cantamos la canción de Eurovisión, no necesito hacer un gran esfuerzo de interpretación porque trata sobre algo muy bonito que estamos viviendo”. ¿Qué más queremos? Los tiempos han cambiado, y menos mal.

Espontánea, graciosa, ingenua y con los pies en la tierra. Uno la ve sentada con las manos por debajo de las rodillas y esa mirada de interés y nota que algo no cuadra: ¿es posible que esté tan tranquila? Sí, es posible. Te explica su agenda inmediata (“Tengo que ensayar mucho para ir a programas de televisión, como El Hormiguero, la gira de OT y después Eurovisión”) con la misma soltura que podría contarte un relajado día de piscina en familia. Y ahí reside la grandeza de un fenómeno de cuya dimensión ella todavía no es consciente. Risueña, incluso se planteaba la posibilidad de que en la recepción oficial de este viernes no hubiera nadie, como si ella siguiera siendo la alumna anónima del colegio Nuestra Señora del Huerto del curso pasado.

Termina la entrevista y descubrimos que no ha dejado de sonreír en todo el rato. “Hoy estás aquí (levanta su mano todo lo que puede, con una sonrisa tímida) y mañana aquí abajo (y la hace descender), pero tampoco pasaría nada”, dice. Y, después del tú a tú, a uno ya le da igual dónde esté porque ha podido admirarla todavía más.

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