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Opinión
CON EL MANDO EN LA MANO

Sentirse mal

Mikel Labastida.

Mikel Labastida.

17/02/2018 a las 06:00
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Ayer, en Espejo Público, Susanna Griso habló con el tipo que había tatuado la cara de Puigdemont en el culo de un cliente (“Tardamos unas seis horas en hacerlo”).

Después conectó con Pere Terés, el incauto que había contestado a una joven que pretendía un trabajo: “Gracias por tu curriculum… pero buscamos un chico porque las cuentas en las que trabajará son Carglass y Coca-Cola y, créeme, necesitan un hombre para aguantar el ritmo, las visitas, saber de producción…”. Así, su agencia de comunicación descartaba a Carla, la demandante de un puesto de ejecutivo de cuentas.

Ella chivó la boba respuesta en Twitter e Instagram. “Increíble que todavía existan empresas que no apoyan la igualdad de género en el ámbito laboral”, se lamentaba. En la tele, Pere Terés no paraba de disculparse (“Fue una respuesta rápida y me siento mal”). Su compañía incluso creó una cuenta de Twitter para difundir un comunicado con las disculpas, asegurando que no se toleran discriminaciones en una empresa formada por una parte proporcional de hombres y mujeres.

Pero supongo que Pere no se sentía mal por querer un chico para el trabajo sino por el escarnio (y espejo) público. Y por el daño profesional para su compañía. Daño económico. Porque, claro, Coca-Cola y Carglass también tenían algo que decir (no en el programa, por su cuenta).

Recordemos que la segunda tiene tanto un anuncio con hombre (“Hola, soy Álvaro de Carglass”) como uno con mujer (María José Toledano). Coca-Cola hasta ha dicho que no trabaja con esa agencia y que rechaza “las respuestas discriminatorias”.

Lo que quieren y necesitan las mujeres está muy claro más allá de las continuas llamadas de atención al machismo: igualdad de oportunidades, igualdad de salario, permisos de maternidad y guarderías. Lo demás son extras.

El tal Pere Terés estaba a punto de echarse a llorar. Que los hombres se asusten por estas cosas está bien (en otro orden de quejas, hay que reconocer que el #MeToo consigue eso). Daba el hombre mucha pena. Si llega a estar en el plató, Susanna Griso lo habría abrazado.

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