Celebraciones

Actualizado el 31/12/2017 a las 06:00
Se alzan las copas en los brindis por el año que llega o por el que se ha ido. No todo va mal cuando ha podido ir a peor. El Gobierno ha aprobado el alza más cutre de nuestra historia reciente, pero algo es algo, aunque se parezca a nada. La encrucijada catalana, que es pesadísima, se está mordiendo su propia cola a pesar de que sabe que es venenosa.
El separatismo quizá no sea imparable, pero los separatistas no quieren separarse, a pesar de todos los pesares, y Rajoy ve imposible que Puigdemont sea president. Muchas cosas nos han perecido inviables hasta que sucedieron y a partir de entonces las consideramos naturales. El presidente del Gobierno ve improbable que el fantasmagórico Puigdemont sea president, pero le faltan pruebas.
La hipocresía, que hay quien dice que es el homenaje que el vicio rinde a la virtud, vive sus mejores momentos porque son los más duraderos. La palabra aporofobia no solo delata el rechazo a los pobres, sino el pánico a ser uno más entre ellos. Ha pasado de ser un neologismo a construir una amenaza. Las madres más pudientes y cariñosas le recomendaban a sus hijos que no salieran a la calle solos porque les podía picar un pobre. La mordedura siempre ha sido contagiosa.