Cien maneras de decir 'no'

thumb

User Admin

Actualizado el 24/11/2017 a las 10:00

Hay quien cree o quiere hacer creer que cuando una mujer va a ser agredida sexualmente tiene que decir ‘no’ de una determinada manera para rechazar el ataque y si no lo hace exactamente así, es que consiente. Esa particular forma de interpretar las cosas caracteriza un estilo de entender el mundo que todavía hoy para algunas personas tiene predicamento. La han utilizado abogados como los que defienden a los acusados por la presunta violación múltiple ocurrida durante los sanfermines de 2016. Esta misma semana ha habido un interrogatorio a la víctima en el que un letrado ha preguntado: ¿Pidió usted expresamente que pararan?

Somos muchos quienes compartimos la idea de que la agresión la confirma la denuncia de la chica, el estado de ‘shock’ y la percepción de sentirse sometida y bloqueada cuando le atacaban que confesó al tribunal; el llanto relatado por la pareja y los policías municipales que la atendieron después, el abatimiento y la tristeza que observaron las asistentas sociales que le acompañaron, las vejaciones averiguadas en la investigación, el tratamiento psicológico con el que convive…

¿No dijo no?

Sin embargo admitir que no dijo NO con todas las letras estimula las especulaciones de quienes consideran que las mujeres sometidas a agresión sexual tienen que probar el atropello siguiendo un patrón de comportamiento concreto. ¿No sirven estas otras cien maneras de decir ‘no’? ¿Cuántas veces es necesario rechazar con un ‘no’ para que sirva como prueba? Una, dos, tres, cuatro, cinco. Vale con un sencillo ‘no’ o mejora la credibilidad que el repudio sea un ‘Noooo’ con varias oes. ¿Hay que gritar para que el testimonio de la humillación gane veracidad como prueba? ¿Da más garantía tirar del pelo, demostrar que se mordió al agresor o endosarle una patada en los testículos y hacer una foto de sus presuntos (siempre hay que decir presuntos) agresores cuando se retuercen de dolor?

Cinco varones bebidos violaron presuntamente a una joven, primera humillación. La sometieron a un akelarre de prácticas sexuales, en el que ellos se jaleaban y pedían turno. Segunda afrenta. Compartieron por ‘whastapp’ las imágenes de las vejaciones, tercera humillación. Pero la defensa intenta demostrar que no se trataba de cinco tipos atacando a una mujer sino de cinco hombres y una mujer que estaban de fiesta y habían pactado la relación sexual.


Víctima en cuestión

Se pone en cuestión el testimonio de la víctima y se trata de alimentar su descrédito encargando a unos detectives que sigan la actividad de la chica en las redes sociales. Como si por ser agredida se prohibiera a la joven sonreír cuando se hace una foto o salir de fiesta; exactamente lo contrario al regreso a la normalidad que recomendaría cualquier psicoterapeuta. ¿Qué se pretende? Que además de vejada arrastre el estigma de mujer violada por la calle y por las redes sociales? ¿Que llore en el súper y en la universidad? ¿Que vista de luto, que se cuelgue una pegatina en el pecho para identificar su desvalimiento, que muestre en sus ocupaciones diarias un sensacional y ojeroso desamparo?

Este es un juicio horrible. De terrible experiencia para la chica, en el que toca al presidente del tribunal determinar qué es consentimiento en un encuentro sexual de estas características. Esa es la clave y una buena oportunidad para que por fin un juez deje sentado por escrito que hay cien maneras de decir ‘no’ con contundencia. Y que el sometimiento sexual es la más despreciable de las formas de imposición. Más grave si además esa exigencia de sumisión se acomete en grupo.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora