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Opinión
OPINIÓN

La precisión

Isabel González

Isabel González

24/09/2016 a las 06:00
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Lo más bonito del mundo es la precisión. La intersección milimétrica de cada botón con su ojal, la sincronía de los mil quinientos semáforos de Pamplona, el minúsculo pellizco con que alguien elimina una pelusa del abrigo amado. Una vez vino un carpintero a casa y me obligó a cambiar las puertas. El hombre no soportaba las rendijas que se abrían a ras de suelo y su minuciosidad me conquistó. “Cada hoja requiere medio centímetro más, justo medio centímetro”, repetía. Pagué bastante por seis centímetros. Doce puertas precisas. Preciosas. Caras. No me importó. Lo más bonito del mundo es la precisión. La destreza con que el cirujano extrae la piedra de la vesícula, el detalle con que el falsificador reproduce una firma, la palabra exacta en el oído del hombre que va a morir. Palabras precisas, reales. Un rey que pronuncie palabras reales. La palabra coyuntura por ejemplo. Y nuestro rey lo ha hecho. Esta semana, su majestad Felipe VI, en su intervención ante la Asamblea General de la ONU dedicada a los refugiados, ha apelado al “sentido del deber para superar las coyunturas complejas” y me ha emocionado. Todavía recuerdo lo feliz que me hizo descubrir el término coyuntura. Aquello cambió la perspectiva de mi existencia. Ya no me importaba suspender un examen, derramar la leche del desayuno ni golpear a un amigo pues se trataba de situaciones coyunturales, puntuales, de fácil solución. La leche se limpiaba con un trapito, el examen se aprobaba en septiembre y donde hay un amigo hay dos. La magia desapareció cuando apareció en mi vocabulario la palabra estructura. El reverso igualmente fascinante y preciso de coyuntura. Aquello me hizo plantearme otras cosas. Quizá si yo madrugara para estudiar y desayunara con más calma no suspendiera, ni derramara la leche, ni descargara mi estrés golpeando a mis amigos. Traté de modificar mi estructura, pero no fue fácil. No lograba obedecer al despertador, las lecciones se escurrían y donde hay un amigo que has golpeado no hay dos. Mis coyunturas se habían convertido en mi estructura y ahora, acaban de bombardear el convoy humanitario de la ONU en Alepo. ¿Coyuntura? ¿Estructura? “Coyuntura compleja” ha dicho Felipe VI. Las palabras y los hechos se hibridan, se intercambian, mutan, se follan unos a otros. Reina la complejidad y tal vez, lo más bonito del mundo sea la imprecisión. Los brotes vegetales en los intersticios de las baldosas, el mechón de cabello que se libera de la gomina y forma el bucle heroico de Superman o de Estrellita Castro en la frente del muchacho, la persona desconocida que te saluda y te alegra, la Asamblea General de la ONU sobre la crisis de refugiados. Las puertas abiertas o al menos, con rendijas.
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