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Medidas y comidas

Isabel González

Isabel González

20/08/2016 a las 06:00
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Lo estamos midiendo todo, amigos. Es la época del ‘Big data’. Medimos el porcentaje de votos, la grasa abdominal, la batería del móvil, qué maravilla. Con las uñas que se cortan los rubios podríamos rodear el mundo. No, lo de las uñas me lo he inventado, ¿pero a que tampoco ha sonado raro? Si no te puedes medir no existes. Cómprate una báscula, un tensiómetro, ese reloj que registra el consumo de calorías. Vamos, amigo, dime quién eres. ¿De cuántas calorías vas? ¿Tienes la tensión baja baja? ¿A qué velocidad se enamora tu pecho? Menos mal que la tecnología y el Ministerio de Alimentación nos alumbran con sus cifras y ahora sabemos que cada navarro tira un niño de comida al año. Bueno, el informe dice que tira veintiséis kilos de desperdicios alimentarios y es la periodista quien traduce ese peso a niño. A niño de ocho años porque la periodista conoce el poder de las palabras y sabe además que ni a ti ni a mí nos importa tirar cien platos de lentejas, pero un niño, ay. Un niño todavía ay. Es verano, ha oscurecido, hace calor y ahí estás, con el pie presionando el pedal de la basura, los restos de comida en el plato y la imagen del chaval tirado golpeándote el corazón.

Traduces tus desperdicios a gramos y está claro: cómo vas a tirarle un dedo, una oreja o un riñón al niño. Cierras la tapa y guardas el pan para tostadas y la carne para croquetas. Esto ha estado bien, amigo. Muy bien siempre que se respeten los veintiséis kilos. Porque los números son tramposos y nosotros más. Quiero decir que si uno suma tres años de desechos alimenticios quizá pueda tirar a la basura al plasta del cuñado y eso, amigo, eso abre un universo de posibilidades, unas ganas furiosas de tirar no sólo la comida sino las alfombras, el sofá, el horrible retrato de la bisabuela, la hipoteca, la pareja, la ex pareja, todo lo que se tiene hasta lanzar por la borda una vida y comenzar otra. Cuidado, amigo. El mundo es complejo y quien tira pan en vez de niños es que tiene más pan que niños cuando en la otra punta del planeta tiraron cien kilos de arroz en bebés. No, lo de los bebés he vuelto a inventármelo, ¿pero a que tampoco ha sonado raro? Hay hambre, hay muertos, hay guerra y los números no son sólo matemáticas sino pura acción. Magia combinados con las palabras. Los números pueden cambiar el mundo y personalmente, lanzo otro hechizo, otro titular: “Los desperdicios que tira cada navarro cada cuatro años equivalen a Donald Trump”. Que nos copien.
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