Electricidad
La ola de calor dispara la factura de la luz a máximos a las puertas de las nuevas ayudas del Gobierno
Las altas temperaturas elevan la demanda, reducen la eficiencia solar y dejan menos viento, pero la eólica y la fotovoltaica amortiguan el golpe del gas frente a otros países europeos


Publicado el 24/06/2026 a las 05:00
España se derrite y la factura de la luz vuelve a quemar. La primera ola de calor del verano ha llenado el mapa de alertas, ha llevado los termómetros por encima de los 40 grados en más de un centenar de estaciones de la Aemet y ha convertido el aire acondicionado en una necesidad. El resultado se nota en el mercado eléctrico: el precio mayorista escaló este martes hasta los 112,42 euros por megavatio hora, superó la barrera psicológica de los 100 euros por primera vez desde el pasado 11 de marzo y, aunque este miércoles se modera hasta los 95,57 euros/MWh, sigue claramente por encima de los niveles del fin de semana.
El salto ha sido brusco. La electricidad subió el martes un 12,5% respecto al lunes, cuando el mercado ya había rozado los tres dígitos con 99,89 euros/MWh. Este miércoles, el precio medio baja, pero se mantiene un 68% por encima de los 56,77 euros registrados el domingo. Frente al martes de la semana pasada, cuando el precio fue de 98,30 euros el incremento fue del 14,4%.
La explicación empieza en la calle, pero termina en el mercado eléctrico. Con temperaturas que superan los 40 grados en varias provincias, hogares, oficinas, comercios y centros de trabajo tiran de aire acondicionado y ventiladores durante más horas. La demanda sube justo en los momentos en los que más cuesta cubrirla. Y cuando el sistema necesita más electricidad, entran en juego tecnologías más caras que empujan el precio hacia arriba.
El calor, además, no siempre juega a favor de las renovables. Aunque el sol luce con fuerza y la fotovoltaica produce mucho durante las horas centrales del día, las placas pierden eficiencia cuando las temperaturas son extremas. A partir de los 25 grados, que es la referencia habitual para medir su rendimiento, el exceso de calor reduce el voltaje y aumenta las pérdidas internas. En la práctica, los paneles siguen generando mucha energía por la abundancia de radiación y las largas horas de sol, pero no rinden igual que en condiciones más templadas.
Algo parecido ocurre con el viento. La masa de aire cálido que acompaña a esta ola de calor llega con poco movimiento atmosférico, de modo que la producción eólica pierde fuerza. Menos viento significa menos generación barata en un momento en el que la demanda se dispara. Si las renovables no cubren todo el hueco, el sistema recurre a tecnologías con costes más elevados, como los ciclos combinados de gas, que terminan marcando precios más altos en determinadas franjas.
El lunes ya dejó un aviso: el precio medio de la electricidad se situó en 99,89 euros/MWh, un repunte cercano al 76% respecto al domingo. Además, el precio máximo alcanzó los 185,90 euros en las horas punta de la tarde-noche, justo cuando millones de consumidores vuelven a casa y mantienen encendidos los aparatos de climatización. El martes la tensión continuó: el precio medio escaló hasta los 112,42 euros y el máximo volvió a dispararse hasta el entorno de los 185 euros a las diez de la noche.
CORTAFUEGOS RENOVABLE
Aun así, España cuenta con un cortafuegos que no tenía hace unos años: el mayor peso de las renovables ha reducido la dependencia de la electricidad respecto al gas. Según el Banco de España, antes de 2021 una subida de 10 euros/MWh en el gas solía traducirse en un encarecimiento de unos 20 euros en la luz en las grandes economías del euro. Hoy, con el actual mix español, ese impacto se habría reducido a entre 5 y 10 euros.
Para los consumidores, la subida coincide con la recuperación de los impuestos eléctricos que el Gobierno rebajó durante la crisis energética. La factura ha vuelto a encarecerse en los últimos meses por el regreso del IVA de la electricidad al tipo general del 21% y por la recuperación del Impuesto Especial sobre la Electricidad. El verano acaba de empezar y la primera ola de calor ya ha dejado una señal clara: cuando España enciende el aire acondicionado, la factura también sube de temperatura.