Ahorro

¿Deberías renegociar tu hipoteca variable?

Qué es la subrogación y cuánto dinero puedes ahorrarte

Con una inflación tan elevada como ahora, los intereses reales que se pagan por las hipotecas son negativos
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Antes de dar cualquier paso, lo primero es entender cuáles son las condiciones de tu hipoteca (y cuándo te toca la siguiente revisión) y simular cuánto subiría la cuota en diferentes escenarios del euríborArchivo
Con una inflación tan elevada como ahora, los intereses reales que se pagan por las hipotecas son negativos

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Ixone Díaz Landaluce

Publicado el 15/06/2026 a las 05:00

Es el efecto mariposa aplicado al mundo hipotecario: estalla el conflicto en Irán, sube el precio del gas y el petróleo y con él, el riesgo de inflación en Europa. Los mercados se ponen nerviosos, anticipan un crecimiento de tipos que aún no ha ocurrido y, a continuación, sube el euríbor. Y con él, la cuota de tu hipoteca variable. La geopolítica, una vez más, afectando a nuestro bolsillo. Pero también a nuestras decisiones financieras. En los últimos dos años, las hipotecas variables se habían vuelto a convertir en una alternativa interesante, pues bajaban sistemáticamente en cada renovación. Pero esto ha dejado de ser así. Y quizá toca replantearse si siguen siendo la mejor opción para nuestras finanzas personales.

«Hay que recordar que los tipos de interés del Banco Central Europeo (BCE) no han subido, lo que ha aumentado esta vez es el euríbor, que es el precio al que los bancos se dejan el dinero entre ellos», explica Jordi Martínez, director de educación financiera en la Barcelona Finance School y divulgador especializado en finanzas personales. De hecho, a finales de marzo, asistimos a su mayor subida en los últimos 18 años. «Si, por ejemplo, comparamos el euríbor provisional de este abril con el de abril 2025, podríamos estar hablando de cuotas de 50 o 60 euros más al mes en una hipoteca media, que, a lo largo del año, empieza a ser una cantidad importante», ilustra Martínez. En préstamos más grandes, de 250.000 o 300.000 euros, el impacto se multiplica. Algunos analistas han vaticinado que si el conflicto en Oriente Medio se alarga, el euríbor podría alcanzar el 3%. Todo eso mientras el Banco Central Europeo ya está amagando con una subida de tipos si la inflación continúa al alza.

Así las cosas, ¿qué podemos hacer los hipotecados de a pie? A las fijas esto no les afecta. El problema está en las variables y, en menor medida, en las mixtas. «Creo que es un buen momento para, al menos, comparar ofertas. Si tienes una variable y el tipo fijo que te ofrecen es competitivo, para empezar ganarás en tranquilidad porque sabrás lo que vas a pagar hasta que se acabe la hipoteca», opina el experto.

Lo complicado está en entender qué es exactamente una buena oportunidad. «Si te ofrecen desde un 2,50% a un 2,80% de fijo, yo me lo pensaría seriamente. Los gastos de cambiar son relativamente bajos: la tasación y una pequeña comisión de subrogación. También puedes cancelarla y hacer una hipoteca nueva en otro banco, pero en ese caso los gastos son más altos: notaría, tasación, seguramente una comisión de cancelación anticipada... Si se puede subrogar, los gastos son lo suficientemente bajos como para que los amortices en muy poco tiempo».

El caso de las hipotecas mixtas, que parten de un tipo fijo que habitualmente dura entre tres y diez años y luego pasan a ser variables, depende mucho del punto en el que nos encontremos. «Si, por ejemplo, nos quedan solo cinco años por pagar, igual es mejor no tocarlo. Si la hiciste hace diez años, seguramente ahora tendrás un mejor sueldo y aunque la hipoteca suba, ya no te afecte tanto».

¿Qué tipo elijo? El eterno dilema

Seis de cada diez hipotecas que se firman en España son de tipo fijo. Pero no siempre ha sido así. En 2015, por ejemplo, el 95% de los préstamos para comprar una vivienda eran de tipo variable. Dos años más tarde, un tercio ya no. Así hasta hoy, cuando las variables (compuestas por un tipo diferencial fijo que se pacta con el banco y el euríbor) vuelven a pasar por horas bajas. Elegir entre una opción y otra es algo absolutamente personal y tiene que ver, sobre todo, con nuestra aversión al riesgo. «Yo siempre le recomendaría a un amigo una hipoteca de tipo fijo, incluso cuando las variables estén muy baratas. O, como mucho, si los tipos están muy bajos, una mixta», opina el experto financiero Jordi Martínez. «Desde el punto de vista económico, no tiene por qué ser siempre la mejor decisión, pero si hablamos de bienestar financiero, lo es». 

CUIDADO CON LA LETRA PEQUEÑA

Antes de dar cualquier paso, lo primero es entender cuáles son las condiciones de tu hipoteca (y cuándo te toca la siguiente revisión) y simular cuánto subiría la cuota en diferentes escenarios del euríbor. A partir de ahí, si decides hacer algo al respecto, tienes dos opciones: la novación, que consiste en negociar con tu banco el cambio a tipo fijo, o la subrogación, que es trasladar la hipoteca a otra entidad para mejorar las condiciones.

Para afrontar esta conversación con tu banco, lo más recomendable es ir con los deberes hechos. «Lo mejor en estos casos es ir con otra oferta en la mano y ver si te lo pueden igualar», opina Martínez. Si no es así, siempre puedes iniciar los trámites para cambiarte de banco. Pero eso también requiere superar ciertas barreras mentales. «A menudo, la falta de educación financiera nos lleva a posponer cualquier trámite que nos afecte al bolsillo o, directamente, a que ni siquiera nos lo planteemos. No hablo ya de subrogar la hipoteca, sino incluso de cambiarnos de banco».

Eso sí, antes de tomar cualquier decisión debemos leer con mucha atención la letra pequeña. «Hay que tener muy en cuenta qué condicionantes nos exige cada entidad. Si te piden que traigas la nómina, que tengas unos saldos determinados o unos recibos domiciliados. Hay que mirar eso muy bien porque puede que te salga un poco más barato, pero que te obligue a un seguro de vida de prima única, a hacer aportaciones a planes de pensiones... Hay que hacer bien los números», apunta el profesor, que aconseja resolver todas las dudas antes de decidir nada. «Si no entiendes una cosa, pregúntala tres veces. El banco mira por sus intereses y tú tienes que mirar por los tuyos», concluye.

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