Economía
La dependencia del petróleo y del gas de EE UU amenaza el bolsillo de los españoles
El país se ha convertido en uno de los principales proveedores mientras el campo observa con preocupación el impacto sobre el aceite o el vino


Publicado el 05/03/2026 a las 05:00
"Yo podría detener mañana o, aún mejor, hoy, todos los negocios con España". Con estas palabras, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, elevó un punto más la tensión entre ambos países tras la negativa del Gobierno de Pedro Sánchez a utilizar las bases de Morón y Rota para la ofensiva en Irán. Una amenaza que pone en riesgo miles de millones de euros en relaciones comerciales y añade presión sobre el sistema energético español.
La advertencia del dirigente estadounidense pone de relieve la dependencia de España de determinados suministros procedentes de Washington "y no tanto por el impacto que pueda tener en las exportaciones españolas", explica a este periódico Marisa Poncela, exsecretaria de Estado de Comercio y asesora en LLYC. De hecho, Estados Unidos no figura entre los principales clientes de España: sus compras apenas alcanzaron los 16.716 millones de euros en 2025. Sí es, en cambio, uno de sus principales proveedores.
"España importa muchísimo gas de Estados Unidos y luego parte de ese gas se procesa y se vuelve a exportar", señala Poncela. "Esa es una de las razones por las que el déficit comercial con EE UU se ha ampliado año a año en los últimos ejercicios: por la dependencia energética", añade José María Rotellar, director del Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria.
En el último lustro EE UU ha pasado de ser un actor secundario a convertirse en uno de los principales suministradores, con cerca del 30% del total. A principios de siglo las compras eran prácticamente inexistentes, pero la búsqueda europea de alternativas tras la invasión rusa de Ucrania cambiaron el tablero. La evolución fue tan rápida que en 2022 Estados Unidos se convirtió en el principal proveedor de España, con más de 143.000 gigavatios hora. Aunque posteriormente la cifra se moderó, su peso sigue siendo estratégico. Si se restringiera ese suministro, España tendría que recomponer su mapa energético en un delicado equilibrio geopolítico. "Nos queda Argelia y la otra alternativa sería Rusia", plantea Rotellar.
A este mapa se suman proveedores como Nigeria y Qatar. Sin embargo, cualquier alteración en el flujo de gas estadounidense tendría efectos inmediatos en los precios de la energía y, en última instancia, en la factura de hogares y empresas. "No es solo el impacto en los precios en el corto plazo", advierte Rotellar. "Estamos hablando también de un impacto estructural en la economía española". El precio medio del mercado mayorista de electricidad ha pasado en apenas cuatro días de 15 euros por MWh del domingo a los 90 euros de ayer, un incremento del 500%.
La dependencia energética también está presente en el mercado del petróleo. Según datos de Cores, EE UU lleva dos años como primer suministrador de crudo, con cuotas superiores al 15% del total. Sin embargo, en enero las cifras cayeron y Nigeria pasó a liderar el suministro con una cuota cercana al 16%.
EL FRENTE COMERCIAL
Más allá del frente energético, la amenaza de Trump también afecta al comercio bilateral. España importa más productos estadounidenses de los que exporta. Entre los artículos españoles más expuestos, destacan el aceite de oliva y el vino. También existen riesgos para sectores industriales: Estados Unidos absorbe más de 4.000 millones anuales en exportaciones de maquinaria, bienes de equipo y material eléctrico. Pese a la protección de la Unión Europea, los expertos advierten de un daño más profundo. Como señala José María Rotellar, más allá de las trabas comerciales, el mayor riesgo es "la pérdida de solvencia, de fiabilidad y de credibilidad internacional". Una reputación que -advierte el economista- será difícil de restaurar.