Navarros globales

Una joven estudiante navarra y futura maestra, en Roanoke (Virginia)

La oloriztarra Andrea Pérez Escujuri asegura que en esta ciudad está viviendo “algunos de los mejores años de su vida” y, aunque tras graduarse espera quedarse algo más en los EE UU, no duda de que su futuro está “sí o sí” en España

Andrea Pérez Escujuri en Roanoke College, la universidad privada de artes liberales fundada en 1842 en Virginia.
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Andrea Pérez Escujuri en Roanoke College, la universidad privada de artes liberales fundada en 1842 en Virginia
Andrea Pérez Escujuri en Roanoke College, la universidad privada de artes liberales fundada en 1842 en Virginia.

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Eva Fernández

Actualizado el 08/12/2024 a las 23:04

La aventura americana de Andrea Pérez Escujuri comenzó en enero de 2023, cuando se trasladó a EE UU para cursar un semestre de Magisterio de Educación Primaria Internacional desde la UPNA a la universidad de artes liberales de Roanoke College en Virginia. Esta joven navarra, de 22 años y vecina de Olóriz -un pequeño pueblecito de unos 60 habitantes en el valle de la Valdorba y situado a 25 minutos de Pamplona- nunca había imaginado que a estas alturas del grado seguiría a ese lado del Atlántico. “Pensaba estar solo el semestre de primavera -recuerda-, hasta que un día, cuando veníamos de visitar un cole americano, la coordinadora de estudiantes internacionales me ofreció la posibilidad de graduarme en Roanoke College. Es lo que me hizo replantearme todo -remarca-. Una oportunidad que no podía dejar escapar”.

Graduarse en una universidad privada de EE UU no es algo que esté al alcance de cualquier bolsillo; por eso, a Pérez Escujuri le desviaron al departamento de finanzas de Roanoke College que, por su expediente académico, le proporcionó una beca anual de 14.050$ (unos 13.346€). Con esta cantidad, la oloritzarra cubriría la matrícula, aunque el coste de la residencia correría por su cuenta. “ No ha sido nada fácil -señala-. Dos años después de iniciar el papeleo, sigo intentando que me convaliden varias asignaturas y no sé si al final será posible”.

Pese a las dificultades, la futura maestra navarra cree que “estos años serán sin, ninguna duda, de los mejores de su vida”. “Está siendo una experiencia increíble, de conocer a muchísima gente de una gran variedad de países, de recorrerme EE UU y, en general, de crecer como persona”, afirma.

Asegura que le gusta mucho la forma en la que se imparten las clases en la universidad, donde “se valora mucho más la asistencia, los trabajos y las tareas diarias que los exámenes”. Dice que “es más sencillo que en España, pero que lleva bastante tiempo”. También le gusta mucho la residencia de estudiantes en la que está instalada (Chalmers Hall), dentro del propio campus, “muy internacional” y donde comparte habitación con otras tres chicas. Por último, valora el hecho de que le den una semana de vacaciones al semestre, que usa para conocer el país.

Cuenta que “sus días son bastante entretenidos”. Por las mañanas siempre tiene clase, por las tardes suele trabajar en un par de empleos universitarios y hacer las tareas lectivas y, por la noche, se reúne con sus amigos en el sótano de la residencia y pasan el tiempo juntos. Alguna que otra tarde también intenta ir al gimnasio y los miércoles es voluntaria en la Casa Latina de Roanoke, donde enseña inglés a latinos adultos.

Pérez relata una de las últimas peripecias que le han sucedido: “En octubre, hice un viaje con tres amigas por California, en el que uno de nuestros destinos era el Cañón del Colorado. Habíamos alquilado por Airbnb una pequeña caravana para pasar la noche, y para encontrarla tuvimos que caminar largo rato por un camino muy oscuro y lleno de piedras. Al llegar a ella, nos topamos con una caravana viejísima, en medio de la nada, abierta y sin ninguna comodidad. Y lo peor era que dentro tenía un cartel donde se decía que ‘nuestra experiencia iba a ser grabada’ en su canal de YouTube. Nos dio mucho miedo, así que intentamos salir corriendo, pero la puerta no se abría. Con paciencia, conseguimos finalmente abrir, escaparnos y acabamos durmiendo en un hotelito”, detalla.

Anécdotas aparte, la joven navarra reconoce que “echa mucho de menos a su familia y a sus amigos y el salir a pasear con su perrita por Olóriz y que “lo que peor lleva, sin duda, es la comida”, abundante en pastas, arroces, hamburguesas y sándwiches . “La verdura y la fruta son muy caras, y el pescado, muy limitado. Lo que me salva son los cola-caos que me tomo la mayoría de las noches”, admite riendo.

Con un fuerte catarro desde hace un par de semanas, dice que le ha decepcionado la cobertura sanitaria, pese a tener contratado un seguro de salud. Además, lamenta la falta de transporte público, que le obligó a comprar un pequeño coche para poder desplazarse.

Pérez reconoce, por último, que está muy agradecida a sus padres que le apoyaron desde el primer momento, y avanza que le gustaría “alargar su estancia en EE UU entre uno o dos años más”, porque allí hay más oportunidades de trabajo. Pero lo que asegura tener claro es que “sí o sí” quiere hacer su vida futura en España.

ANDREA PÉREZ ESCUJURI
Nació en Pamplona (6/7/2002) y se formó en el CP San Juan de la cadena y el IES Navarro Villoslada. Estudios. En 2020 inició Magisterio de Educación Primaria Internacional (UPNA) y, en 2023, tras una estancia de 6 meses en Roanoke College (Virginia) decidió graduarse allí, algo que hará en mayo de 2025, con las especialidades de psicología, discapacidad y español, para la profesión global y traducción. Trabajo. En España, fue monitora de campamentos y profesora particular. En Roanoke, es técnica de sonido y asistente. Padres. Iñigo Pérez Sanz (51 años), asesor fiscal contable en ATE Asesores; y Susana Escujuri Leache (51), trabaja en atención al cliente en TRW. Viven en Olóriz. Hermano. Nicolás (18), estudia en Canadá.

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